Compartir

El candidato de Ciudadanos a la Presidencia del Gobierno, Albert Rivera, exhibió este martes en el debate electoral ante el presidente, Pedro Sánchez, una relación de casos de corrupción del PSOE “que llega hasta el suelo” con la exigencia de desvelar si dimitirá en caso de que el partido sea condenado por alguno de ellos.

En un bloque del debate en Atresmedia dedicado a la lucha contra la corrupción, el candidato del PP, Pablo Casado, subrayó que ganó las primarias de su partido “con un discurso de firmeza absoluta” y por eso tuvo incluso “amenazas de querellas” por parte de personas involucradas en esos casos. Se declaró “tremendamente firme” en el compromiso “de regeneración absoluta” y en la convicción de que “cualquier persona que haga algo mal se irá directamente a la calle”.

Lo importante, dijo, es que “quien la hace la paga” en parte gracias a reformas legales impulsadas por el PP, pero “los partidos no son corruptos” y los dirigentes “no tenemos la culpa” de que en sus filas haya quienes han traicionado la confianza, pero sí la responsabilidad de ser “implacables” no solo contra conductas ilegales sino “no ejemplares”.

El candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, denunció que el problema de la corrupción es que “es una forma de gobierno” que a vaces es ilegal pero a veces es legal, como cuando las grandes corporaciones “se compran” a exministros o expresidentes para representar sus intereses. En el PP, denunció, había quien “hacía donaciones ilegales para beneficiarse después de sus políticas”.

Denunció la fabricación de “pruebas falsas” contra su formación política y reclamó medidas concretas como prohibir que exministros y expresidentes puedan ser fichados por grandes corporaciones, y cumplir la Constitución en materia de lucha contra la corrupción con un cuerpo de investigación independiente del gobierno de turno.

Rivera subrayó que la lucha contra la corrupción ha sido “hoja de ruta” para sus acuerdos y reconoció que “ha habido condenas”, por ejemplo contra el PP, pero en ese punto exigió también a Sánchez que diga si dimitirá en caso de que el PSOE sea condenado por alguno de los casos que le afectan, desplegando un rollo de papel “que llega hasta el suelo” con todos ellos enumerados.

Sánchez eludió responder y se centró en denunciar que la sede del PP era “un gran bazar de la corrupción” y que el gobierno de ese partido en la Comunidad Valenciana era “un parque temático” con tres expresidentes y trece consejeros involucrados. “Andalucía con los ERE qué era, una fiesta”, preguntó irónicamente Rivera.

El drama, concluyó Sánchez, es que a pesar de esa corrupción del PP, a quien Ciudadanos pone “un cordón sanitario” es al PSOE mientras se alía con la ultraderecha en Andalucía para “vergüenza de todos los liberales europeos”.