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Durante el último mes nuestra clase política se ha enredado en una guerra de titulitis, inaudita en nuestra historia, y que mantiene a los ciudadanos con la boca abierta.

Cristina Cifuentes y Carmen Montón dimitieron por la falta de  transparencia en la consecución de sus respectivos master. El  líder del PP, Pablo Casado, se niega a enseñar sus supuestos trabajos fin de máster, salvo que se lo exija el Tribunal Supremo y, curándose en salud, afirma que, de haber delito, está prescrito.

Rivera, líder de Ciudadanos, decía que estaba estudiando el doctorado, cosa que la propia Universidad de Barcelona ha desmentido. Y por último, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pone a disposición pública su tesis, pero desde la oposición se insiste en que es un corta y pega, y que el tribunal calificador no era competente.

Nuestros políticos suspenden en transparencia. Y, mientras, la luz alcanza máximos históricos, el gasóil no deja de subir, los alquileres de viviendas siguen su ascenso imparable, y así cientos de problemas cotidianos que sufren los ciudadanos, y que son los que verdaderamente les preocupan, y se preguntan si los  encargados de lo público se preocupan de verdad por solucionarlos.

¿Qué preparación tienen nuestros políticos?

Según el informe de ePolitc.org, los estudios de Derecho son mayoritarios, hasta alcanzar el 26% de los diputados; le sigue Económicas, con el 17%; Administración y Dirección de empresas, el 12%, e Historia con el 8%. Por otra parte, nuestros políticos no hablan idiomas. El 86% de los diputados del PP reconocen no hablar ningún idioma, los mismo hacen el 68% de Ciudadanos y el 67% del PSOE; de los diputados de Podemos, también reconocen no hablar idiomas el 62%.

Según el mismo estudio, la profesión más frecuente de nuestros diputados, antes de entrar en la Cámara Baja, es la de haber sido profesor. Querido lector, después de estos datos eres tú quien debe sacar conclusiones sobre la idoneidad de nuestra clase política para administrar nuestras vidas.