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Ya es un hecho, Simone Zaza no jugará en el Valencia CF la próxima campaña, ayer se hizo oficial su traspaso al Torino. El italiano cierra de esta manera su etapa en el club banquinegro, etapa corta, una temporada y media, pero que sin duda no ha dejado indiferente a nadie.

Nos remontamos a la segunda quincena de enero de 2017. El club de Mestalla estaba lleno de pocas luces y de muchas sombras. Pocos días antes, un paisano de este futbolista decidió saltar por la borda de un barco del que no se sabía quién llevaba el timón.
La posición en la tabla era digna de la crítica y la burla, posición poco habitual para un club que había pasado de pelear con los grandes a coquetear con el descenso.

Entre toda la tormenta hubo una luz de esperanza, llegó un soldado italiano, que tampoco lo había estado pasando bien, pero que decidió apostar por el club que más estaba fracasando en La Liga española.
Llegó y cumplió. Y lo hizo con goles, seis en media temporada, buena marca si tenemos en cuenta que resultó ser uno de los máximos goleadores de la plantilla en esa fatídica campaña. Sin duda, Simone Zaza fue una de las piezas importantes para lograr esa salvación que tanto enojo generó a los ches, incluso se empezó a escuchar en Mestalla cánticos hacia él.

Pero no fueron solo los goles lo que motivaron a los ches a corear el nombre del italiano. El ex de la 'Juve' tenía algo que hacía años se había perdido en Mestalla, la lucha y entrega, el pelear todos los balones y sobretodo, sudar la camiseta. Poco a poco, Simone Zaza, fue convirtiéndose en uno de los referentes valencianistas. Tras varios años se había encontrado a un goleador.
Con la llegada de Marcelino y tras un verano de dudas y poco convencimiento, el 'Sammina' se quedó y consiguió algunos récords personales; marcar un hat-trick y llegar a los trece goles oficiales en una misma temporada y otros que pasarán a la historia del club; ser el italiano más goleador de la historia del Valencia y ser el extranjero que ha marcado en más jornadas seguidas de la liga.

Sin embargo, la campaña no fue un camino de rosas, una lesión en la rodilla y algunos rifi-rafes con el técnico, Marcelino, no permitieron al futbolista jugar todos los partidos que él hubiera querido.
Ayer se anunció su marcha, una baja que, bajo mi punto de vista, es injusta. Hacía mucho tiempo que no veía en Mestalla un jugador que fuera a cien revoluciones por segundo, que cual gladiador romano no le importara en absoluto el dolor y que siempre lo entregara todo.

Termina aquí una etapa efímera, pero que ha dejado marcado a muchos de los murciélagos. Una marcha injusta, promovida por la necesidad y la poca inclinación de los técnicos hacia el 'Sammina'.

Querido italiano, la afición solo puede despedirte de una manera; deseando que te vaya bien y dándote las gracias por haber hecho uso de unos recursos que hubiera gustado ver en Champions esta próxima campaña, la entrega y la lucha. Gracias y adiós.