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Matteo Salvini, el ministro del interior italiano, salió de fiesta horas después de que se produjese el derrumbe del puente Morandi en Génova con decenas de muertos. Una celebración que tuvo lugar en la localidad siciliana de Mesina y por la que ha sido criticado duramente desde la oposición.

La noticia se ha conocido después de que se publicaran unas fotografías en las que aparece bebiendo y comiendo con alegre sonrisa durante la cena con otros compañeros, en total 260 políticos de su partido ultraderechista, mientras que los equipos de rescate seguían con sus labores de búsqueda y la gran mayoría de ciudadanos estaban preocupados por la noticia del derrumbe.

 

Por otro lado, desde el Partido Demócrata, Matteo Orfini, ha calificado la actitud del vicepresidente italiano como “una bofetada al dolor del país y la negación de ese principio.

Ante tal ataque, el ministro del interior respondió: 

“Algunos chacales de la izquierda me atacan porque la noche del 14 de agosto he osado cenar con 300 personas (alcaldes, presidentes de asociaciones de voluntariado, efectivos de las fuerzas de seguridad y ciudadanos) en Sicilia. El mismo día, en Roma, había estado en el centro operativo nacional de los Bomberos para seguir las tareas de rescate en Génova y después, como estaba previsto, fui a Catania a visitar a los trabajadores de una empresa secuestrada por la mafia, y a Messina a agradecer a los efectivos que se incautaron de 20 toneladas de droga”. 

“El día siguiente”, añade Salvini, “me reuní con el comité para el orden y la seguridad en Aspromonte, en San Luca, y después volé a la Liguria, donde he permanecido hasta hoy (por el jueves) y donde volveré mañana y el sábado. A los parlamentarios del Partido Demócrata, que conocían mis movimientos de estos últimos dos días, pido cuentas en nombre de los italianos de sus propias acciones de los últimos años”.