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Si atendemos a la definición de eutanasia, la RAE indica que es la “acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”. También, la define como “muerte sin sufrimiento físico”. Para que se aplique la eutanasia debe existir un diagnóstico terminal.

La eutanasia debe contar con el expreso consentimiento del paciente y puede ser voluntaria (a petición del propio paciente) o involuntaria. También puede ser activa, si es que se ejerce una acción sobre empariente,comoporejemplo, aplicarle una inyección o pasiva, si se detiene un tratamiento que mantenía al paciente convida, por ejemplo. 

Por el contrario, el siucidio asistido proporciona a una persona los medios necesarios para que voluntariamente pueda acabar con su propia vida y es el propio paciente que inicia el proceso de defunción, por lo que el siucidio asistido podría entenderse como un paso intermedio entre el suicidio y la eutanasia voluntaria, y no es fácil discernir la frontera entre ambos procedimientos. Para algunos, la aceptación legal del suicidio asistido es un primer paso hacia la legalización de la eutanasia.

“El suicidio asistido tiene en común con el suicidio normal la circunstancia de que es el propio sujeto el que pone fin a su vida, mientras que con la eutanasia voluntaria comparte el hecho de que la muerte ocurre en el contexto de una enfermedad penosa e incurable (o en condiciones que se consideran parecidas, como la ancianidad) y con la intervención de un médico”, asegura el doctor  Javier Úbeda Ibáñez en 'Diario Siglo XXI', donde explica tres características del suicidio asistido:

“A) La muerte se presenta como una elección del paciente, que, informado sobre su estado patológico irreversible, prefiere no solamente renunciar a terapias inútiles, sino además acelerar un fin que, por otro lado, no se puede evitar; 

 B) El papel del médico tendría que limitarse a proporcionar tanto el medio para matarse (con las oportunas instrucciones) como la asistencia para que la muerte ocurra de manera cierta y sin dolor; C) el motivo que convertiría en legítima y obligada la intervención del médico no sería ya un sentimiento evanescente, como la piedad, sino el deber riguroso de respetar la voluntad y autonomía del paciente”.

Para todos aquellos que se oponen a la eutanasia, una distinción entre voluntaria e involuntaria es inaceptable, ya que este concepto se presta a confusión.