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El camino te enseña cuál es el
destino, pero no viene con libro de instrucciones qué caprichoso es el
destino…. La noche anterior un grupo de chicas se acostarían pensando en el
sábado. Ese día en el que tienen depositadas todas las ilusiones de un año
largo, para algunas el último, el primero o uno más, depende con qué ojos se
mire.

Hay una cosa que está clara:
tiene que ser el día. Mientras la resaca del título y su multitudinaria
celebración mantendrá a unas en una realidad paralela, otras se despedirán de
la gente más cercana y, en silencio, se marcharán pensando en cada detalle de
todo lo que puede pasar. Maquinar un plan perfecto para conseguir algo, que,
hasta el momento, no ha hecho nadie. Hacer historia.

Cuando se habla del Valencia CF,
no hace falta mentir, siempre se hace en masculino. No hay nadie que haya
conseguido un doblete que se llame María. Tampoco existe un título de liga
levantado por Salomé o Ivana. Ni mucho menos que de la orquesta que celebrara
algo grande, portara la batuta Marta. Cuatro nombres que podrían bailar tantas
veces como se quisiera, que no existiría ningún ejemplo así. No con el blanco y
el negro como protagonista.

Antes se hablaba del camino hacia
la historia y quizás se podía confundir con levantar un título. Eso es una
acción, se debe buscar repercusión. Algo que recuerden las pequeñas que,
sentadas, sonreían cada vez que una tal Joyce corría la banda tan cerca que
parecía que podían tocarla.

Hoy. Sí, hoy. Es más que un
partido y ellas lo saben. La temporada no ha sido la soñada por todas.
Altibajos, contratiempos, rachas igual de negativas que positivas… pero sin
duda hoy todo esto se olvidará por un día. Cuando se suban las escaleras hacía
el escenario cubierto de verde, solo las estrellas deben de verse. Esas
estrellas, que lejos de ser fugaces, brillen para siempre.