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Si las últimas navidades tus radiadores no se calentaban totalmente ni de manera homogénea, y tuviste que combatir el frío con varias capas de mantas, es probable que hubieran acumulado aire. Se trata de un problema que no solo afecta al rendimiento del aparato, sino también a la factura mensual, y que tiene una fácil solución: el purgado. A continuación, resumimos algunas indicaciones en relación a este procedimiento.

Contrata los servicios de un fontanero

En primer lugar, hay que tener claro que, aunque el purgado es un método sencillo, el sistema de calefacción es algo mucho más amplio. En este sentido, es fundamental el mantenimiento de la caldera y del conjunto de la instalación. Del mismo modo, una manipulación incorrecta del circuito puede deteriorar el mismo. Es por ello que, ante cualquier duda, lo más recomendable es acudir a un profesional. Así, a la hora de requerir los servicios de un fontanero cercano, una buena idea es consultar el directorio online de Páginas Amarillas. Allí, basta con indicar la actividad económica que buscamos y nuestro municipio para dar con los mejores resultados. Como hemos dicho, un experto en fontanería no solo podrá purgar nuestros radiadores, sino también compensar el caudal de agua entre los mismos, además de otros muchos trabajos.

Cuándo es necesario purgar

Ahora bien, si tenemos la certeza de que el fallo en el sistema se resuelva con un simple purgado, nos plantearemos varias cuestiones. La primera de ellas hace referencia a las fechas más propicias para dejar los aparatos a punto. De esta manera, es recomendable purgarlos antes de los meses fríos, aquellos durante los que más emplearemos la calefacción. Asimismo, comenzaremos por aquellos dispositivos más cercanos a la calefacción y, en el caso de viviendas de varias plantas, por los del piso superior. Como ya hemos dicho, el síntoma característico del problema es que el radiador presenta zonas frías. También, es habitual escuchar una especie de gorgoteos.

Primero: apaga la calefacción y cierra la llave de paso

A la hora de actuar, el primer paso consistirá, como es lógico, en apagar la calefacción. Solo así nos aseguraremos de que el aire no se desplace dentro del aparato durante el purgado. Igualmente, evitaremos que el agua llegue hasta el aparato cerrando la llave correspondiente.

Segundo: gira la válvula

Llegados a este punto, nos haremos con un destornillador o una llave inglesa. El objetivo es abrir la válvula de purgado, acción para la que tendremos en cuenta dos requisitos: girar en sentido contrario a las agujas del reloj, y sostener un recipiente bajo la válvula para recoger en él el agua que salga y no mojar el suelo. Repetiremos el protocolo en cada uno de los radiadores de nuestro hogar.

Tercero: comprueba la presión de la caldera

Por último, comprobaremos que el nivel de presión de la caldera está dentro del rango que se considera normal: entre 1 y 1,5 bares. Esta magnitud viene indicada en el manómetro, que suele