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Este 9 de mayo, Día de Europa, el colectivo 'Acció UV-Ucraïna' me ha brindado la ocasión de pasar en la Universitat de València una tarde diferente y bien interesante, tocándome presentar allí al ucraniano Serhiy Zhadan. El encuentro celebrado con el mismo, bajo el título “Dilemas de un ciudadano en tiempos de conflicto: la voz de la literatura”, merece ser contado.

Entendiendo por dilema “la situación en la que es necesario elegir entre dos opciones igualmente buenas o malas” y por conflicto la “coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos”, el protagonista del acto es conocedor de lo que supone como vivencia transitar por estos caminos.

Serhiy Zhadan, de 43 años, natural de la provincia de Lugansk -en el hoy conflictivo Este de Ucrania-, es un prominente literato y activista cívico ucraniano, doctor en Filología, quien fue también profesor en la Universidad de Járkiv.

Zhadan -adorador de García Lorca, según ha confesado en sus encuentros literarios de esta semana en Madrid y Barcelona- es un escritor reconocido, con una vocación social en la que la literatura adquiere una tonalidad estridente para denunciar y sacar a la luz las injusticias y las infamias de consecuencias colectivas. Este escritor realiza esa difícil tarea comprometida y artística, amena y doliente, desconsolada, abatida a veces y combativa en otras ocasiones, su obra se ha traducido a numerosos idiomas, desgraciadamente, no al castellano donde seguro que hay numerosos lectores ávidos de conocer sus aportaciones tanto literarias, como de activista cívico.

Los libros del ucraniano -tanto de prosa como de poesía- ofrecen una visión particular de la ebullición social y política. Para él, la literatura es una forma importante de responder a esos procesos y, sobre todo, un elemento unificador en momentos de convulsión.
Como autor, juega especialmente con la ironía, siendo algunas de sus afirmaciones tales como “Cualquier poema malo leído de un escenario va a tener más impacto que el discurso de un político”, así como “El carácter antisistema de la poesía genera un lenguaje universal capaz de movilizar a personas en todas partes del mundo”.

Esta posición crítica le ha valido, en ocasiones, comprobar directamente la violencia de los intolerantes ya que ha sido atacado directamente con graves consecuencias, poniendo en riesgo su vida.

Volviendo a la ironía y al sentido del humor con el que el autor aborda gran parte de su obra, destacar una referencia suya que nos ofrece otro perfil del autor: le gusta poner énfasis en el poder transformador del escritor, para bien o para el mal. De ahí que sitúe muy bien la responsabilidad que supone escribir, “especialmente si uno tiene lectores”, al tiempo que sentencia, por otra parte y a modo de paradoja, que “No necesariamente los lectores entienden lo que quería realmente decir el autor, pues muchos tiranos leyeron buena literatura en la infancia”.

Con todo, lo más relevante de la intervención de Serhiy Zhadan en Valencia considero que es esa llamada de atención que se hizo acerca de la responsabilidad del escritor, y de la cultura en general, especialmente en tiempos de conflicto.

Por su parte se trasladaron ideas interesantes como la de construir espacios de “normalidad” y de recuerdo de la época previa al conflicto, mediante la literatura y las manifestaciones artísticas. En ese escenario, el papel del escritor adquiere una posición relevante y comprometida, en la medida que debe evitar convertirse en parte del conflicto mediante la propaganda.

Sin ir más lejos, dice Zhadan por ejemplo, que en la ardua búsqueda de consensos se puede empezar por las ideas universales: “la genialidad de Cervantes es igualmente reconocida en Ucrania tanto por proucranianos como por los prorrusos”.

En todo caso, otra de las ideas interesantes es la referencia a la posición del escritor al finalizar el conflicto, muy interesante aquella alerta, acerca de que el conflicto no se acaba con el último cañonazo, ya que a partir de ahí se produce un tiempo de reflexión para llegar a comprender lo que ha sucedido y en ese periodo la literatura vuelve a tener un papel muy considerable como plataforma sobre la que escribir el dialogo.

Serhiy Zhadan ha hecho una labor sociológica de separar en su relato aquello que atañe a los civiles en ambos bandos de la guerra en Ucrania de cómo lo están pasando los militares. Destaca también que a día de hoy el conflicto en su tierra se está prolongando más de lo que duró la Segunda mundial y, en este tiempo, en las otras partes del país se puede percibir cansancio de este tema. Lamentablemente, que se minore la atención al asunto aquí en España o en la propia Ucrania, no cambiará la realidad: cuenta el escritor que casi cada jornada suele saldarse en el Donbas con muertos y heridos por el fuego de armas que no ha llegado a cesar.

En cuanto a la literatura del conflicto, el ucraniano reflexiona que, por una parte, sobre un conflicto hay que escribir cuando este haya finalizado pero, por otra parte, desde la realidad y la emoción con la que habitualmente se vive la confrontación, escribir durante el conflicto sirve de terapia. Textualmente concreta acerca de “la influencia de la cultura para transitar la paz”, contraponiendo esta mirada de la cultura frente a lo que denomina territorios de conflicto en potencia: los temas de la política, la historia o, incluso, la religión.

Pudimos obtener alguna otra pincelada acerca de su condición de escritor en la referencia a la escritura como una manera de sacar a la luz aspectos y temas que te conmueven y que necesitas compartir con el resto, como es el caso de la novela “El orfanato” que nos ha presentado.

El argumento de este último libro del ucraniano redunda en el relato de vivencias y reflexiones durante tres días de un profesor de lengua ucraniana, rusófono y desinteresado por la política y el conflicto que se estaba gestando, quien de pronto se encuentra con una línea de frente que parte su región natal; línea que tiene que cruzar para recoger de un orfanato en la otra parte a su sobrino. En esta obra, según la crítica de la misma, la palabra “orfanato” se emplea a modo de metáfora cuyo término real es la falta de rumbo en la población de allí, que como sociedad sufre en el país el síndrome de orfandad.

Me da la impresión, a modo de conclusión, que en este encuentro tuvimos ocasión de conocer a un personaje impregnado de militancia y activismo frente a la tensión que está viviendo una zona de su país, que posiblemente sea mucho más fácil de entender en su contexto. Por otro lado también es significativa la respuesta de los, más bien las ucranianas que acudieron y manifestaron auténtico fervor: haciendo preguntas, comprando su libro, pidiendo dedicatorias, compartiendo fotografías y tiempo de conversación con Zhadan…

Personalmente considero que esta característica tan marcada como comunicador le está dando ocasión de realizar una importante labor, una especie de apostolado, “ves y cuéntalo”, para que se conozca lo que está pasando en un conflicto que se manifiesta bastante opaco, al menos por estas tierras. Solamente nos queda esperar a que publique en castellano para conocer mejor la otra vertiente de escritor que parece sugerente.

Lo último del encuentro fue la lectura por Serhiy Zhadan de su poema dedicado a los refugiados, siendo muchos los ucranianos que se han desplazados internamente en Ucrania o han salido fuera. No quisiera terminar sin compartirlo en castellano, en mi versión a partir de una traducción portuguesa, aunque solo sean unos fragmentos:

Coge contigo lo que es más importante. Coge las cartas.
Carga lo que puedas cargar.
Coge los bordados y los iconos, lleva la plata.
Coge el crucifijo de madera y las réplicas de oro.

Lleva un poco de pan, los vegetales del jardín, entonces marcha.
Nosotros nunca volveremos aquí.
Nunca veremos nuestra ciudad de nuevo.
Lleva las cartas, todas ellas.

Nunca volveremos a la tienda de la esquina.
(…)

Tú y yo somos refugiados. Nos toca correr a través de la noche.
Correr por plantaciones de girasoles.
Correr de los perros, dormir entre bueyes.
A ti y a mí nos toca coger agua con las manos, aguardando en los campos,
(…)

Habrá una lista tan larga de muertos
Que ni habrá tiempo para buscarnos por nombre, cada mañana.

-Publicación preparada con la colaboración de Andriy Yakúbuv-