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La Policía Nacional ha desarticulado una organización criminal, con conexiones en Rumanía, que controlaba la prostitución en la madrileña calle Montera. La trama blanqueaba sus beneficios en este país europeo mediante la compra de propiedades y el envío de dinero mediante empresas de mensajería.

Según informó la Policía, la operación ha dado lugar a un dispositivo simultáneo en España y Rumania en el que se ha detenido a los seis integrantes de esta trama, cinco de los cuales estaban en territorio español.

Al mismo tiempo, han sido liberadas seis mujeres que eran obligadas a mantener relaciones sexuales con sus clientes sin protección, a comprarse ropa provocativa, teñirse el pelo para llamar la atención y trabajar sin descanso

Para viajar a España, las víctimas eran engañadas con un falso trabajo en el sector de la hostelería y, una vez en nuestro país, eran hacinadas en un piso y obligadas a ejercer la prostitución bajo la amenaza de hacer daño a sus familias en Rumania.

La investigación comenzó al detectarse la presencia de una organización criminal rumana que podría estar cometiendo delitos relacionados con la trata de seres humanos con fines de explotación sexual en la calle Montera de Madrid.

FALSOS TRABAJOS EN LA HOSTELERÍA

Tras diversas gestiones, los agentes comprobaron que las mujeres eran captadas en Rumanía y trasladadas en autobús hasta Madrid bajo el engaño de un trabajo en el sector de la hostelería. Una vez en España, eran alojadas en un piso cercano a la calle Montera y obligadas a ejercer la prostitución en la zona, donde vivían en unas condiciones insalubres y tremendamente precarias, al permanecer hacinadas y dormir en colchones que se encontraban esparcidos por el suelo.

Los agentes pudieron averiguar que las víctimas eran obligadas a mantener relaciones sexuales con sus clientes sin protección para conseguir así un mayor beneficio económico. Además los investigados también les imponían como tenían que arreglarse, debían vestirse con ropa provocativa y teñirse el pelo con el objetivo de llamar la atención de los clientes.

Los integrantes de la organización criminal fijaban las tarifas y duración de los servicios sexuales, no permitiéndoles descansos durante la jornada que, comenzaba a las cuatro de la tarde y finalizaba a las tres de la mañana del día siguiente. Las mujeres explotadas tenían un tiempo estipulado para los servicios de 15 minutos y eran multadas si sobrepasaban dicho periodo.

Durante la investigación también se comprobó que dos de las víctimas sufrieron agresiones sexuales por parte del cabecilla de la organización, quien las tenía totalmente aterrorizadas. Las explotadas, a las que no se les permitía hablar entre ellas, eran controladas y amedrentadas por los componentes de la organización.