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146 días han pasado desde que se supiera que Carles Puigdemont abandonaba Cataluña, se marchaba al exilio con el sueño de dirigir la república catalana desde Bruselas, y se convertía en huído de la justicia española. Desde entonces agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) le han seguido el rastro. 

Los trámites se aceleraron el pasado viernes después de que el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena dictara el procesamiento de la cúpula del Govern y reactivara la orden europea de detención y entrega.

Puigdemont, que se encontraba en Finlandia cuando Llarena activó este mecanismo, adelantó su vuelta a Bélgica (país donde había conseguido establecerse sin que la justicia de este país hiciera nada para entregar el expresidente a España). 

El 'expresident' tenía previsto coger un avión a las 16.00 horas del sábado para regresar a Bruselas, según 'El Confidencial', pero la euroorden dio al traste con sus planes. Tanto el político fugado como sus cuatro acompañantes decidieron utilizar un ferry a Estocolmo (Suecia) y después pusieron rumbo hacia Copenhague. A continuación cruzaron la frontera con Alemania y a eso de las 11,19 de la mañana, una patrulla de la policía lo interceptó en una gasolinera de la autovía de Hamburgo.

Tanto el CNI como la Policía Nacional le seguían la pista y fueron quienes alertaron a las fuerzas de seguridad alemanas. Su localización fue posible, según 'laSexta' gracias a una baliza colocada en el coche con matrícula belga, con el que el expresident huyó de Finlandia, y también gracias a la señal de su móvil, geolocalizable incluso si está apagado.