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Un piloto ruso, derribado por los combatientes rebeldes de Siria, se suicidó con una granada para evitar ser capturado por los jihadistas, según han confirmado desde Moscú.

El Ministerio de Defensa ruso ha confirmado que el soldado era un hombre de 33 años, llamado Roman Filipov. Además, el comunicado añade que ha estado “combatiendo a los rebeldes hasta el último minuto”. Ha sido galardonado con el más alto honor del Kremlin, la medalla del Héroe de Rusia.

El soldado permaneció en contacto por radio a través de la base aérea de Khmeimim, Siria, e informó de haber disparado y matado a dos combatientes yihadistas cuando se acercaron a él. Al darse cuenta de que estaba acorralado, tiró del pasador de su granada para suicidarse, matando a más rebeldes en la explosión.

En un vídeo, grabado por los mismos rebeldes, se puede observar al comandante Filipov gritando “¡Esto es para nuestros muchachos!“, antes de detonar los explosivos que llevaba en la mano, momentos previos a ser capturado.