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Al referirnos a la logística, hacemos mención a una disciplina de la empresa cuyo estudio minucioso puede considerarse relativamente nuevo. Pocos eran los esfuerzos hace años por saber más acerca de esta parcela, pero las compañías han descubierto que la adecuada implantación, seguimiento y supervisión de la logística puede repercutir en enormes beneficios para la actividad empresarial.

Puede afirmarse con rotundidad que se trata de una disciplina absolutamente en auge, y en la que las organizaciones cada vez están poniendo más énfasis para controlarla adecuadamente.

El coste total de la misma abarcará tres costes principales, valga la redundancia. Estos, son los costes de emisión de pedido, de compra o adquisición, y de almacenamiento, que será el que nos ocupe mayormente en este post.

El concepto de almacenamiento, así como la concepción de los diversos sistemas de almacenaje, ha ido ampliando y modificando paulatinamente su ámbito de influencia.

Un almacén, en la actualidad, debe suponer una unidad de servicio y soporte integrada en la estructura (tanto funcional como orgánica) de la empresa en cuestión. Debe incluir propósitos bien acotados acerca de su control, custodia, productos, y abastecimiento de materias primas o materiales.

Por eso, hoy en día, lo que en otros tiempos era considerado como un espacio dentro de la compañía para la llegada exclusiva de mercancías, ha pasado a ser en muchos casos una estructura importante, que cuenta con valores físicos y funcionales, que bien tratados, son capaces de generar valor añadido para la misma.

No aportamos ninguna novedad al afirmar que la razón de ser de todo almacén, reside en el hecho de que pueda guardarse aquello que se ha producido, para consumirse luego en un periodo temporal. El tiempo que la mercancía sea guardada dependerá de las características de la misma, así como de la gestión que la empresa haga de ella en base a sus ventas, política, etc. Ni que decir tiene de la importancia de las estanterías para almacenaje como elemento físico en posesión. Claro ejemplo de equipamiento industrial son las estanterías metálicas que suministra la empresa Ractem.

La gran competencia entre organizaciones ha desembocado en que muchas se afanen en tratar de mejorar su productividad a toda costa. Si un mercado permanece con estabilidad, pueden resistir sin necesidad de manejar sus activos con extrema eficiencia. O lo que es lo mismo, incurrir en algún momento en subutilización o un pequeño despilfarro, ya que en escena hay pocos rivales que puedan ofrecer mejores productos a los clientes en relación calidad/precio.

Sin embargo, la creciente inestabilidad española e internacional en los mercados, unida al cada vez mayor número de multinacionales que se están expandiendo hacia mercados externos, representan amenazas que las empresas deben acometer en pos de mantener su competitividad, y optimizar su método productivo.

En los distintos estudios de la administración moderna, el almacén es considerado un medio que posibilita conseguir economías potenciales e incrementar utilidades para la organización.

A menudo se recurre a los famosos inventarios, catalogados como un componente esencial para manejar la productividad.

En mercados extremadamente competitivos, se utilizan inventarios cada vez menores, y con niveles de servicio paulatinamente mayores.

La optimización del área logística funcional continuará siendo el propósito principal de los almacenes de nuestro tiempo, y el estudio de todo lo referente al almacenamiento, seguirá en el foco para todo tipo de empresas que conciban la logística desde una perspectiva especial.