Compartir

Adel Kermiche, de 19 años, identificado como uno de los asaltantes de la Iglesia de San Esteban de Normandía, se encontraba en arresto domiciliario desde marzo y estaba siendo vigilado con una pulsera electrónica.

Junto con otro asaltante, aún por identificar, irrumpió en una iglesia de la pequeña localidad de Saint-Étienne-du-Rouvray, en la Alta Normandía, en cuyo interior había cinco personas, entre ellas el párroco, Jacques Hamel, de 86 años a quien hicieron arrodillarse frente al altar para luego degollarle a sangre fría con una espada mientras proferían gritos en árabe (Ala es grande). La escena la grabaron tal y como relató una de las testigos, la monja que logró escapar sin que estos se dieran cuenta dando la voz de alarma a la policía, que logró abatirles a tiros impidiendo una tragedia mayor.

Kermiche había intentado viajar dos veces a Siria utilizando identidades falsas. Su objetivo era unirse al DAESH. La primera vez que se le arrestó fue el 23 de marzo de 2015 en Alemania. De allí fue devuelto a Francia y obligado a acudir regularmente a comisaría. La segunda vez que intentó huir bajo otra identidad falsa fue de nuevo arrestado, esta vez en Turquía, y preso en Francia hasta el 18 de marzo. Entonces quedó en arresto domiciliario y con una pulsera electrónica para vigilar sus movimientos.

Según explicó el fiscal parisino François Molins tenía permiso para salir de casa durante las mañanas de lunes a viernes (de 9:30 a 12.30 h) y las tardes de los fines de semana (de 14:00 a 18:00 h).

En el momento del ataque, sobre las 10 de la mañana, en la pequeña iglesia había una misa a la que solo acudían dos religiosas y dos feligreses.

La Policía, alertada por la monja que logró escapar, selló rápidamente los alrededores de la iglesia y consiguió abatir a los dos terroristas. El autoproclamado Estado Islámico reivindicó a través de la agencia afín Amaq el ataque.