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Estos debates tan
encorsetados al final se convierten en una sucesión de monólogos dónde cada
candidato habla de su libro, casi sin importarle qué dicen sus rivales. Los que
van delante en las encuestas salen a no perder, y los “outsiders” tienen que
darlo todo para intentar mejorar sus expectativas.

Sí y no. El que más
se jugaba era Pedro Sánchez, y defraudó una vez más. Sin duda este debate ha
servido para confirmar el “sorpasso”. Si sales a empatar al final perderás, y
es lo que le ha pasado al marido de Begoña Gómez. ¡Por favor! qué afán de
protagonismo tiene la señora, parecía una modelo, hasta posando. No me la
quiero imaginar de “presidenta”. Dio la peor imagen posible para un candidato
que tiene que remontar, la indefinición. En definitiva, mal Sánchez, sin alma. Se
confirma que entre Zapatero y él han conseguido cargarse al PSOE, que desde
luego tiene mucho mérito. ¿Y Susana qué opina?

¡Qué mal ha
envejecido Soraya en seis meses! -pensaba malvado. Pero la verdad es que el sustituto
de Soraya salió a lo suyo, rodeado de post-it por todas partes. Mariano estaba
disgustado porque le han obligado a ir al debate, no le gusta nada, y lo malo
es que se le nota. Su objetivo era no meter la pata, no equivocarse y no dar un
titular de esos que nos obsequia últimamente. Y lo consiguió. ¡Sé fuerte Rajoy!
le decían sus colaboradores. Al final al PP le da igual  enviar al debate a Soraya, a Rajoy o a un
plasma, dicen lo mismo casi de la misma manera. España va bien.

No puedo evitar ver a
Pablo Iglesias como el profesor que está dando la primera clase a sus alumnos
de primer año. Una colección de mensajes simplistas, muy básicos, para pensar
lo menos posible, quizá dirigidos al núcleo (irradiador) de sus votantes. Barrio
Sésamo en versión comunista. Hay que subir los impuestos a los millonarios
(según él a partir de 50.000 euros brutos al año) para que paguen su fiesta, y
para bajar el desempleo subirá la indemnización por despido. Les juro por Lenin
que estos son algunos de sus mensajes de ayer. Y por supuesto su inmenso ego
nos quiere hacer creer que, en realidad, estas elecciones son una segunda
vuelta entre Rajoy y él. Pues no. En resumen, parecía el presentador de un
supuesto concurso de televisión “¡¡el que piensa, pierde!!”

Y dejo para el final
a Rivera. Les confieso que no me gustó nada en el debate a cuatro de hace seis
meses. Sin embargo demostró que ha aprendido la lección. Ayer su lenguaje no
verbal fue el mejor de todos los candidatos, llevaba el debate muy preparado y
estaba tranquilo y seguro. Y no era fácil, porque tenía que buscar su espacio
en un debate que se pretendió polarizar entre PP y Podemos. Atacó por igual a
ambos, con hábiles zascas como el que le propinó a Iglesias, ese lobo con piel
de cordero socialdemócrata, “claro, usted no pide dinero a los bancos porque se
lo da Maduro“. Ayer estaba cómodo y se le notaba. Para mí
fue el sorprendente (por los antecedentes) vencedor de este debate a cuatro.
Ahora, como decía Adolfo Suarez, hace falta que le quieran menos y le voten
más.

Vicente
Raga

@Vicent_Raga