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Santiago de Chile, 20 abr (EFE).- Raudales de elogios matizados por algunas críticas continuaron cayendo hoy sobre la figura del expresidente de Chile Patricio Aylwin, fallecido este martes, que tuvo la tarea de restaurar la democracia en el país tras la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Mientras los restos del exmandatario (1990-1994) son velados en la sede de Santiago del Congreso chileno, sus partidarios y antiguos colaboradores subieron el tono de su admiración por el político democristiano, que abordó su tarea con Pinochet aún presente en el escenario como jefe del Ejército.

Exministros, militantes del Partido Demócrata Cristiano y de otras agrupaciones de la Concertación, la coalición que derrotó a Pinochet, coincidieron en destacar la serenidad con que Aylwin afrontó los dos conatos de rebelión militar que el dictador provocó durante su gobierno: el “Ejercicio de enlace” y el “boinazo”.

Según documentos desclasificados de la CIA publicados hoy por la radio Biobío, exagentes de la policía secreta de la dictadura fraguaron el asesinato de Aylwin en esos años para atribuirlo a la izquierda y posibilitar así el regreso de Pinochet al poder.

Para el también expresidente Ricardo Lagos, con la muerte de Aylwin, fallecido a los 97 años, “se pierde una época”.

“Pocos políticos en Chile han tenido que pasar por las tremendas circunstancias que pasó en su vida. El quiebre de la democracia en el 73 y el proceso de recuperación. Hubo una construcción democrática entre todos, donde el liderazgo de Aylwin era prudencia y dignidad”, destacó Lagos en declaraciones a radio Cooperativa.

Voces de todo el arco político destacaron lo “ejemplar” de la transición que encabezó Aylwin y el crecimiento económico de Chile, que promedió un 7,3 % durante su Gobierno.

Las críticas, en tanto, se centran en el papel de Aylwin antes del golpe de 1973, cuando su partido optó por respaldar la intervención militar.

Medios de izquierda reprodujeron parte de una entrevista de agosto de aquel año en la que Aylwin dijo que si tuviera que optar entre una dictadura comunista y una militar, se quedaba “con esta”, en alusión a la militar.

Pese a ello, el exministro socialista Jorge Arrate afirmó que no calificaría “de golpista” a Patricio Aylwin, aunque sí apuntó que “su comportamiento facilitó el golpe”.

También se le reprocha su política de “justicia en la medida de lo posible” en los crímenes de la dictadura, que Lorena Pizarro, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) extendió hoy a la presidenta Michelle Bachelet, que el martes la justificó.

“Nosotros creemos que esa justicia en la medida de los posible se fue quebrando cuando el dictador fue detenido en Londres, y organizaciones como la que presido se habían hecho parte de la querella en España porque en Chile no se avanzaba”, dijo Pizarro.

Ajenos tal vez a este debate, miles de chilenos salieron a las calles de Santiago para homenajear a Aylwin, en medio de unánimes elogios a su honestidad y modestia, en un homenaje ciudadano durante un largo recorrido por las calles de la capital.

Tras una misa en la casa que habitó por más de 60 años en el barrio santiaguino de Providencia, el féretro con el cuerpo del expresidente fue trasladado hacia la sede del Legislativo.

Fue la primera etapa del funeral de Estado dispuesto por el Gobierno, en un lento recorrido de más de dos horas del coche fúnebre flanqueado por motoristas de Carabineros.

El cortejo pasó primero frente a la casa central de la Universidad de Chile, de la que Aylwin fue alumno de Leyes y profesor de Derecho Administrativo.

Después la comitiva fúnebre se detuvo frente a la sede del Partido Demócrata Cristiano (PDC), del que el expresidente fue uno de los fundadores en 1957 y que presidió siete veces durante su carrera política.

Dirigentes y militantes entonaron el himno nacional chileno y ovacionaron al extinto mientras en pantallas gigantes se mostraban imágenes de momentos históricos de Aylwin, como su primer discurso tras asumir la presidencia.

La siguiente parada fue el Palacio de La Moneda, donde la presidenta Michelle Bachelet, vestida de luto, encabezó un acto de homenaje que incluyó el himno nacional, toques de corneta y aplausos de la multitud.

Por último, el cortejo llegó a la sede del Congreso, donde media docena de diputados del PDC y otros partidos de la Concertación, trasladaron el féretro hasta el Salón de Honor.

Más tarde se abrieron las puertas para que los chilenos de a pie, organizaciones políticas, sociales y vecinales rindieran homenaje al extinto.

Según las autoridades, el Salón de Honor estará abierto mientras haya gente que desee homenajear al exmandatario.

Este jueves los restos de Patricio Aylwin serán trasladados a la Catedral de Santiago y el viernes serán sepultados en el Cementerio General de Santiago. EFE

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