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Snezana Stanojevic

Belgrado, 20 abr (EFE).- El gubernamental Partido Progresista Serbio (SNS, conservador) del primer ministro, Aleksandar Vucic, es el favorito absoluto en las elecciones anticipadas de este domingo, con la única incógnita de saber la magnitud de la victoria.

Las elecciones se convocaron dos años antes de lo previsto, según Vucic, para dar un nuevo impulso a las reformas que afronta el país como candidato a entrar en la Unión Europea (UE), y que espera completar en el año 2020, cuando concluiría el mandato del nuevo Gobierno.

Los sondeos dan a la coalición centrada en el SNS más del 50 % de los votos, muy por encima de los demás partidos, a pesar de que en los dos años que Vucic lleva en el poder ha emprendido una política de austeridad, con recortes de pensiones y salarios.

El partido de Vucic, un político de 46 años de pasado ultranacionalista convertido en europeísta convencido, ya controlaba la mayoría absoluta del Parlamento serbio, y con sus socios socialistas sumaban hasta 200 escaños de un total de 250.

No obstante, este líder pretende capitalizar su gran popularidad y consolidar la posición dominante de su partido ante unos nuevos desafíos que demandan medidas económicas aún más impopulares.

La reforma de un sector público sobredimensionado y la reconversión de grandes empresas estatales auguran una enorme oleada de despidos que pueden traducirse en protestas.

Vucic justifica la anticipación de las elecciones con la “resistencia a los cambios” en Serbia, por lo que quiere someter su política de reformas a la prueba de las urnas.

El primer ministro en funciones, que es visto por muchos como un mandatario honrado comprometido con la lucha contra la corrupción, se beneficia de la fragmentación de la oposición de centroizquierda y de la falta de caras nuevas en la escena política.

Por su parte, la oposición lo tacha de autoritario, de querer acumular todo el poder, y califica sus reformas como un engaño ya que no mejorarán la economía de Serbia sino todo lo contrario, al aumentar el paro ya existente del 18 %.

La imagen de Vucic como un mandatario preocupado en modernizar el país y algunos éxitos, como la apertura en diciembre de 2015 de las negociaciones de adhesión de Serbia a la UE, son la base de su gran popularidad.

Pero para que esas negociaciones de ingreso lleguen a buen puerto el país debe afrontar grandes desafíos, como el delicado proceso de reconciliación con los vecinos balcánicos, que puede suponer muchos escollos para Serbia.

Los roces entre Serbia y Croacia se convierten con facilidad en reacciones poco amistosas, como ocurrió después de la reciente absolución del ultranacionalista serbio Vojislav Seselj por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY).

Croacia, miembro de la UE, ha anunciado el bloqueo de nuevos capítulos en las negociaciones de acceso de Serbia, por lo que Belgrado se mostró “consternado” y acusó a Zagreb de “chantaje”.

Además, seguirá siendo un importante requisito para el país la normalización de las relaciones con Kosovo, su antigua provincia de mayoría albanesa que proclamó en 2008 la independencia, pero que Serbia no reconoce.

En política exterior, Serbia, que aspira a ingresar en la UE, también quiere buenas relaciones tanto con EEUU como con su tradicional aliado, Rusia, y no se ha sumado a las sanciones impuestas a Moscú por los Estados comunitarios por la crisis de Ucrania.

Según los sondeos, de los 20 partidos y coaliciones que se presentan a los comicios, unos seis entrarán en el Parlamento.

Muy por debajo del SNS, con un 12 % de apoyos, estará el Partido Socialista de Serbia (SPS), del actual ministro de Exteriores, Ivica Dacic, que se presenta como defensor de los derechos sociales.

La oposición política proeuropea en Serbia es débil y fragmentada, y su principal exponente, el exgobernante DS, obtendría sólo un 6 % de votos.

Después de años de ausencia, los partidos derechistas que se oponen al ingreso en la UE y abogan por unas relaciones muy estrechas con Rusia, como el Partido Radical Serbio (SRS), de Seselj, podrían obtener hasta un 8 % de los votos.

La antelación de las elecciones se ha vuelto una regla en Serbia, ya que de las once legislaturas desde 1990, nueve acabaron de forma prematura, pero la diferencia en esta ocasión es que el adelanto se debe a un Gobierno que goza de un cómodo apoyo parlamentario. EFE