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Snezana Stanojevic

Belgrado, 20 abr (EFE).- El descontento ciudadano por el elevado desempleo y la advertencia de que habrá que acometer impopulares reformas y recortes marcan el discurso económico en Serbia de cara a las elecciones anticipadas que se celebran este domingo.

Los últimos sondeos de opinión muestran que la falta de empleo es la principal preocupación para más del 40 % de la población, seguido del 35 % que menciona el bajo nivel de vida y los reducidos ingresos.

Los recortes de las pensiones y de los salarios en el sector público fueron una de las primeras medidas de austeridad que emprendió en 2014 el Gobierno de conservadores y socialistas encabezado por el primer ministro, Aleksandar Vucic, que argumentó que eran necesarias para superar la crisis financiera.

Los sondeos dan a Vucic, líder del conservador Partido Progresista Serbio (SNS), buenas opciones de revalidar la amplia mayoría que logró hace dos años.

El primer ministro ha justificado el adelanto electoral en la necesidad de contar con un Ejecutivo fuerte para acometer más reformas económicas, que no ha dudado en advertir serán duras e impopulares.

En los dos últimos años, su Gobierno ha logrado estabilizar las finanzas públicas, pero aún hay medidas por aplicar, como la reestructuración o privatización de numerosas empresas públicas, un legado de la Yugoslavia socialista, un proceso que se cree dejará a miles de trabajadores en la calle.

El primer ministro admitió en una reciente entrevista al semanario NIN que “no tenía fuerza suficiente” para dar ese paso y pidió el apoyo de los electores para vencer, según dijo, la resistencia a esas reformas.

Otra reforma que puede dejar a muchos serbios sin empleo es la reestructuración de la sobredimensionada Administración pública, que no ha dejado de crecer en los últimos quince años porque los partidos que iban llegando al poder colocaban a su gente para asegurarse enormes bolsas de votos.

En 2015 comenzó en Serbia la consolidación fiscal y la economía mejoró, con un crecimiento del 0,8 % que, según datos del Banco Mundial, se espera sea del 1,8 % este año.

El déficit ha bajado hasta el 3,7 % y la inflación se ha mantenido en el 1,9 %, aunque el desempleo sigue siendo elevado, con un 18 %.

También las inversiones extranjeras aumentaron el año pasado un 45 %, hasta 1.800 millones de euros.

La opinión generalizada, tanto en el Gobierno como en la oposición y los analistas, es que esos buenos indicadores podrían desmoronarse si no se aceleran las reformas que mantengan la política de austeridad para reducir el déficit y la deuda.

El endeudamiento del Estado alcanzó a finales de 2015 el 75,5 % del PIB, una cifra que, según el programa de reformas, comenzaría a reducirse a partir de 2017, aunque ese objetivo parece difícil de alcanzar.

Los planes de austeridad contrastan con la promesa, formulada por todos los partidos, de que subirán las pensiones y los salarios.

Con todo, en la campaña electoral ha habido poco debate sobre los programas políticos y económicos y se ha centrado en acusaciones mutuas sobre el desmoronamiento de la economía, el derroche en las finanzas públicas y la pobreza de los ciudadanos.

Vucic aseguró que, aunque su partido obtenga la mayoría absoluta, “con toda seguridad” tratará de formar una amplia coalición con quienes quieran “un futuro estable”, pero descartando un pacto con las formaciones ultranacionalistas y de extrema derecha. EFE