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Ignacio Ortega

Moscú, 14 abr (EFE).- El presidente ruso, Vladímir Putin, renunció hoy a su faceta de estadista y se centró en solucionar los problemas cotidianos de los rusos, desde el mal estado de los carreteras al impago de salarios, en vísperas de las elecciones legislativas de septiembre.

“Nosotros no debemos pensar en cómo arreglárnoslas con América (EEUU), sino en cómo solucionar los problemas internos: las carreteras, la sanidad, la educación y la recuperación de la economía”, dijo Putin, al responder a una niña de primer curso durante su tradicional “Línea directa”.

Al responder en vivo a las preguntas de sus conciudadanos durante casi cuatro horas emitidas por televisión, Putin admitió que el aumento del número de pobres es “alarmante” y que el país seguirá en recesión este año.

Según estadísticas oficiales, el número de personas que se encuentra bajo el umbral de la pobreza ya ha superado los 19 millones de un total de 145 millones de habitantes.

Un 13,4 % de los rusos son pobres (10.000 rublos ó 120 euros mensuales), cuando el coste de la cesta de la compra se ha disparado por el embargo a los productos perecederos occidentales.

“Ésta es una tendencia alarmante. Comprendo que haya mucha gente que esté enfadada. Yo también lo estoy”, aseveró.

Por si fuera poco, la economía rusa, que se encuentra sumida en una profunda recesión desde finales de 2014, se contraerá este año un 0,3 %, según el jefe del Kremlin.

“Lo principal no es imprimir dinero, lo principal es reformar la estructura económica”, dijo en referencia a los planes de reducir la dependencia de las exportaciones de hidrocarburos, que representaban la mitad de los ingresos del Estado.

Putin admitió posibles cambios en el hasta ahora intocable modelo de capitalismo de Estado y adelantó que, en caso de encontrar un socio fiable, la mayor petrolera rusa, Rosneft, vendería un 19 por ciento de sus acciones al mejor postor.

Pero negó que las reservas se estén agotando y destacó que, aún en el caso de que no se inyecte dinero, “durarían como mínimo durante cuatro años”.

De hecho el primer ministro, Dmitri Medvédev, anunció recientemente un plan anticrisis para contener la recesión y la caída de los precios del petróleo, pero a renglón seguido admitió que no tiene dinero suficiente para financiarlo.

Consciente de la cercanía de las elecciones, en las que el partido del Kremlin, Rusia Unida, intentará evitar la repetición de las protestas antigubernamentales contra el fraude, las mayores desde 1991, Putin intentó a atender a todo el mundo.

Durante el programa, retransmitido en directo por la televisión, el presidente, como si de un zar todopoderoso se tratara, logró solventar sobre la marcha los problemas de algunos de los televidentes.

Los presentadores iban anunciando llamadas de responsables locales que informaban de que tal o cual petición ya había sido atendida, como la de unos trabajadores que no cobraban desde hacía cinco meses.

Putin no quiso, en cambio, confirmar si se presentará a la reelección en 2018, lo que le permitiría perpetuarse en el poder hasta 2024, tanto como Stalin.

Aunque intentó no explayarse demasiado en temas internacionales, no tuvo más remedio que hablar sobre Siria, más aún después de retirar en marzo al grueso de las tropas rusas desplegadas en el país árabe.

Putin considera que el Ejército sirio está perfectamente capacitado para hacer frente a la amenaza yihadista y destacó la reciente toma de la histórica ciudad de Palmira, pero reconoció que Alepo aún no está al alcance de las fuerzas de Bachar al Asad.

Volvió a acusar a EEUU, en particular a la corporación Goldman Sachs, de estar detrás de los “papeles de Panamá”, que tachó de “provocación” destinada a castigar a Rusia por su independencia, y defendió a sus amigos acusados de crear sociedades opacas.

Pero no escatimó elogios al dirigirse a su colega norteamericano, Barack Obama, al que calificó de “hombre decente” por reconocer los errores cometidos durante la intervención militar en Libia.

“Barack, cuando era senador, criticó las acciones de la entonces administración norteamericana en Irak. Lamentablemente, siendo presidente él cometió los mismos errores en Libia. Es acertado y está muy bien que mi colega tenga el coraje de hacer tal declaración”, afirmó.

No fue tan generoso con los presidentes ucraniano, Petró Poroshenko, y turco, Recep Tayyip Erdogán, a los que está enfrentado por la intervención militar rusa en Ucrania y Siria, respectivamente.

“Si alguien decide hundirse, es imposible salvarlo”, sentenció, al responder a una niña de 12 años que le preguntó que a quién salvaría si se estuvieran ahogando esos dos mandatarios. EFE

io/vh