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La Gran Muralla del presidente Xi Jinping empieza a agrietarse

Paloma Almoguera

Pekín, 31 mar (EFE).- La aparición de unas cartas anónimas que piden la dimisión del presidente chino, Xi Jinping, y varias defensas públicas a la libertad de expresión, algunas desde dentro de órganos del Gobierno, dan muestra de un aumento de la disensión en China y sugieren más divisiones en el Partido Comunista.

A medida que Xi ha concentrado poderes -más que ningún presidente desde Mao Zedong- y ha erigido una muralla de leyes y campañas que han menoscabado la sociedad civil y censurado aún más internet y los medios de comunicación, han aumentado las voces que disienten del estilo personalista del mandatario.

Uno de los ejemplos más sonados ha sido el de una carta que, firmada por “miembros leales al Partido Comunista (PCCh)”, apareció a comienzos de marzo en varias páginas en internet para pedir la dimisión de Xi ante los “problemas sin precedentes” del país.

“Mi opinión es que la carta muestra ideas compartidas dentro y fuera de China”, dice a Efe Cai Chu, editor de la página prodemocrática en chino Canyu, ubicada en EE.UU. y la primera en publicar la misiva, cuya autenticidad no ha sido confirmada.

Al margen de la autoría, el abogado chino Teng Biao cree que “lo interesante es que Xi se pusiera tan enfadado y nervioso” y emprendiera una campaña de detenciones, entre ellas de familiares de disidentes en el extranjero, para hallar a los firmantes.

Teng, visitante invitado en la Universidad de Harvard, piensa que los arrestos reflejan las “inseguridades” de Xi, con quien “muchos miembros de la formación no están contentos” por dos razones: la campaña anticorrupción y su poder personalista.

Con él coincide Perry Link, profesor emérito de Estudios Asiáticos de la Universidad de Princeton, para quien “el Partido está más dividido por el estilo maoísta de Xi y por su uso de la campaña anticorrupción para amenazar y atacar a otros miembros”.

Precisamente, otra de las recientes muestras de discrepancias fue un ensayo publicado en la web de la Comisión Central de Disciplina del PCCh, el órgano encargado de combatir la corrupción.

“La habilidad de decir las opiniones de forma libre y de aceptar sugerencias determina frecuentemente el auge o caída de un imperio. No deberíamos asustarnos de que la gente diga cosas incorrectas: deberíamos hacerlo de quienes no digan absolutamente nada”, reza el texto.

Éste no ha sido el único espaldarazo público reciente a la libertad de expresión, algo aún más significativo cuando Xi hizo hace un mes una visita de inspección a las sedes de los principales medios oficiales para exigir lealtad al Partido.

Jiang Hong, uno de los miembros del órgano asesor del Gobierno, advirtió en la víspera de la reunión anual del Parlamento chino en marzo que podría realizar una propuesta para que se asegure el derecho a la libertad de expresión.

En la misma línea, el magnate inmobiliario Ren Zhiqiang criticó el tour de Xi por los medios en una red social, por lo que sus cuentas en internet fueron suspendidas, y un mensaje firmado en nombre de un empleado de la agencia oficial Xinhua se hizo viral al denunciar tácticas maoístas por parte de los censores.

El último en elevar la voz en este sentido fue Yu Shaolei, redactor jefe del diario chino Southern Metropolis, quien esta semana explicó su dimisión con una frase lapidaria: “tras doblegarme durante tanto tiempo, ya no puedo soportarlo más”.

Casi a la vez, aparecía una segunda carta firmada por 171 miembros del PCCh, también sin nombres, que denunciaba que “la dictadura personalista de Xi ha causado una crisis grave”, por lo que exhortaba a que “todos sus cargos sean rescindidos inmediatamente”.

“Es una tradición que se remonta a los tiempos de Mao que rivales de alto rango del Partido utilicen el anonimato o un lenguaje codificado para intentar echar al otro a un lado”, apunta Link.

Sea o no el caso, Willy Lam, profesor de la Universidad China de Hong Kong, asevera a Efe que “las relaciones han empeorado entre Xi y dos facciones del Partido: la de Shanghái, liderada por el expresidente Jiang Zemin, y la de la Liga de Juventudes Comunista, dirigida por el también exmandatario Hu Jintao”.

“Incluso entre los 'príncipes' (hijos de líderes revolucionarios como Xi), el presidente ya no es respetado por su campaña anticorrupción”, remarca Lam.

Pese a las críticas y las divisiones, Ma Qingyu, profesor de la Escuela de Gobernanza de Pekín, confía en que Xi Jinping culmine su mandato de diez años.

“Creo que Xi -dice a Efe- será presidente hasta 2023. Sobre el porqué, ya no digo más”. EFE

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