jueves, 1 octubre 2020 16:08

Gobierno de unidad se traslada a Trípoli y eleva la tensión en la capital

Trípoli, 30 mar (EFE).- El presidente del Consejo presidencial libio designado por la ONU, Mohamad Fayez Al Serraj, y miembros del denominado Gobierno de unidad desembarcaron hoy en Trípoli pese a las amenazas del Ejecutivo en la capital.

La llegada de la delegación, que arribó en barco a la base naval de Abu Sita, situada a tres kilómetros del centro, elevó la tensión en la capital, aunque sin desencadenar combates entre las milicias rivales como ha sucedido en los pasados días.

“Es el paso necesario para proseguir con el acuerdo firmado en la ciudad marroquí de Sjirat, que incluye el traslado del Gobierno a la capital”, explicó a Efe uno de los asesores que acompañan a la delegación.

La polémica y el sonido de las armas no ha cesado en la capital libia desde que hace dos semanas Al Serraj anunciara su intención de trasladarse a Trípoli con el controvertido gabinete, pese a que este no ha sido legitimado por el Parlamento de Tobruk y concita el rechazo del Gobierno de Trípoli.

El primer ministro de este último, Jalifa al Ghweil, subrayó que no reconocerá un gobierno “impuesto por la ONU”, y advirtió que sus milicias arrestarían a sus integrantes en cuanto pisaran Trípoli.

El cruce de declaraciones desató combates en el centro y en el extrarradio de la capital entre milicias afines al gobierno de unidad y fuerzas leales al gobierno de unidad, al que solo apoyan las milicias de Misrata y parte del Parlamento de Tobruk, además de la comunidad internacional.

El presidente del Gobierno de Tobruk, Abdulah Thini, advirtió anoche que no reconocerá el gabinete hasta que este no logre el respaldo de la Cámara, que el pasado lunes volvió a fracasar en su intento por lograr quorum.

El pulso se enconó aún más el domingo después de que el gobierno de Trípoli cerrara el espacio aéreo y el aeropuerto de la capital alegando “problemas técnicos”.

Al Serraj denunció que la decisión era una maniobra para impedir su llegada y la de sus ministros, una denuncia a la que se sumó anoche el departamento de Estado estadounidense y cancillerías europeas.

Tras dos intentos fallidos, el político recurrió a finales de febrero a una artimaña de dudosa legalidad para eludir la obligada aprobación del Parlamento en Tobruk, que en su mayoría se opone al acuerdo.

Uno de sus principales representantes, Ali Qatrani, exmiembro del Consejo Presidencial, volvió a pedir anoche la renuncia de Al Serraj y la nulidad de un Gobierno que dijo está dominado por los islamistas y abocado al fracaso.

La argucia, que consistió en considerar suficiente el respaldo por carta de cien diputados y el apoyo del llamado “Acuerdo Nacional Libio”, fue aceptada por la ONU, que desde hace dos semanas presionaba para que Al Serraj viajara a Trípoli.

Así lo subrayó la semana pasada en Túnez durante la reunión de países vecinos el enviado especial de la ONU para Libia, Martin Kobler, quien también tiene intención de trasladarse a la capital para respaldar al Gobierno.

Fuentes diplomáticas tunecinas confirmaron a Efe que Al Serraj y su equipo se encontraban desde entonces en la ciudad tunecina de Sfax, a la espera de poder volar a Trípoli.

Ante los reiterados obstáculos de las autoridades que controlan la capital libia se decidió formar un convoy naval que partió esta madrugada fuertemente escoltado, revelaron.

La idea es que el gobierno de unidad y el Consejo Presidencial designado por la ONU que lo ha nombrado se instalen en una zona de la capital altamente protegida llamada “Palm City”, similar a la “Green Zone”.

Desde allí tratará de hacerse con el control del país asistida por funcionarios de la ONU, asesores y diplomáticos estadounidenses y europeos y protegida por milicias libias apoyadas por fuerzas de elite de varios países.

Aunque de momento, ejercerá sus primeras funciones desde la misma base a la que ha llegado, explicó a la prensa Fathi Ben Issa, portavoz de Al Serraj.

Una perspectiva que según auguró a Efe un miembro del Gobierno en Trípoli, “desestabilizará la capital y la abocará a un conflicto permanente”.

Libia es un estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la comunidad internacional contribuyera militarmente a la victoria de los rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.

Desde principios de mes, tiene tres gobiernos enfrentados: uno en Trípoli considerado rebelde, uno en Tobruk apoyado por el Parlamento reconocido por la comunidad internacional y un tercero de “unidad nacional” que ninguno de los otros dos reconoce y que apoyan la ONU y la mayor parte de las potencias mundiales pese a carecer de legitimidad.

De la situación han sacado provecho grupos radicales como la rama libia de la organización yihadista Estado Islámico, que en el último año ha ampliado el territorio bajo su control e incluso establecido un nuevo bastión en la costa del Mediterráneo. EFE

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