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Jaime Ojeda

Bruselas, 30 mar (EFE).- El grande y multicultural distrito de Schaerbeek, en el noreste de Bruselas, intenta huir de la estigmatización y de los vínculos con el radicalismo yihadista tras verse involucrado en los atentados del 22 de marzo en la ciudad.

Pese a que los terroristas alquilaron un piso en el barrio del que salieron hacia el aeropuerto -donde las autoridades hallaron 15 kilos de explosivos- y que se han llevado a cabo redadas en domicilios, los vecinos inciden en que Schaerbeek es un barrio muy grande, con muchos contrastes según las zonas, pero en ningún caso peligroso o vinculado con el yihadismo.

“El barrio es grandísimo y hay muchas zonas distintas, hay lugares feos y otras donde vive gente con mucho poder adquisitivo. Hasta hace pocos años Schaerbeek era la comuna fea de Bruselas, pero las cosas han cambiado y ahora depende de las zonas”, explicó a Efe Jonathan Jean, un español de Málaga residente en el barrio.

Así, las zonas del este de Schaerbeek son hogar de gente de clase media-alta, debido a su buena localización -entre las instituciones europeas y el aeropuerto de Zaventem- y también de parejas jóvenes, atraídas por los bajos precios de la vivienda en comparación con el centro.

Los barrios del oeste del distrito, especialmente la más cercana a la estación de trenes del norte, albergan una gran comunidad de inmigrantes turcos, marroquíes y africanos.

Jonathan, que vive a cinco minutos del piso utilizado por los asesinos del aeropuerto, hizo hincapié en que Schaerbeek no se enfrenta al mismo tipo de problemas que Molenbeek, distrito del que salieron los autores de los atentados de París.

Más de cerca vivió Aris, peluquero en Schaerbeek, los registros en los que se hallaron 15 kilos de explosivos TATP y el testamento de uno de los asesinos del aeropuerto de Bruselas, Ibrahim El Bakraui, los cuales pusieron al barrio en el punto de mira.

Aris, que reside en la calle Max Roos, donde se efectuó la operación policial, dijo a Efe que lleva viviendo 18 años ahí y que nunca habían tenido un problema similar en una calle “buena, familiar, donde todo el mundo se conoce”.

Una visión que muchos vecinos extrapolan al barrio en general. Beatriz Padilla, también malagueña y trabajando en Bruselas, incidió a Efe en que Schaerbeek “es muy tranquilo”, incluso en comparación con otros distritos, y que al igual que el resto de la ciudad tiene una fuerte presencia de inmigrantes.

No en vano, Schaerbeek es (tras la zona centro de Bruselas) el distrito más poblado de la ciudad con unas 130.000 personas censadas, muchas de ellas de origen extranjero, siendo las comunidades turcas y marroquíes las de mayor presencia.

De hecho, un 38 % de la población del distrito es musulmana, según un informe del diario Le Soir.

Schaerbeek ha sido cuna de grandes personalidades de Bélgica, como el cantante Jacques Brel, el pintor René Magritte, el primer ministro belga Paul Henri Spaak o los futbolistas Michy Batshuayi y Adnan Januzaj.

“Hay mucha gente con orígenes de todo el mundo viviendo aquí, es un buen barrio, aunque nunca sabes si alguien puede hacer algo”, relató a Efe Nino Etina, profesor y residente de Schaerbeek.

El profesor confesó que no se siente seguro, porque “no sabes lo que puede pasar mañana”.

Y es que pese a vivir en un barrio que se considera seguro y ajeno al radicalismo, los vecinos de Schaerbeek no son ajenos a la precaución colectiva instalada en Bruselas tras los atentado, que ha conllevado el cambio de algunas rutinas.

Beatriz Padilla, por ejemplo, ya no cogerá el transporte público para trabajar, porque aunque le salga más caro y tarde más tiempo prefiere coger el coche para sentirse más segura. EFE

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