lunes, 21 septiembre 2020 14:53

Diputaciones: esos otros agitadores culturales

Ángel A. Giménez

Madrid, 25 mar (EFE).- Las ciudades de Málaga y de Barcelona cuentan con instituciones centenarias que ocupan el centro neurálgico de su actividad escénica y artística, y aunque sus objetivos son diferentes, les une la procedencia: pertenecen a las diputaciones, esos otros agitadores culturales.

Son La Térmica, en la capital malagueña, y el Institut del Teatre, en la capital catalana, dos inyecciones culturales para toda la provincia y para la propia comunidad autónoma.

Pero, además, en Las Palmas de Gran Canaria trabaja una de las orquestas filarmónicas más importantes de España bajo la dirección artística de Pedro Halffter y en Valencia, cerca del centro, se impone un edificio de arquitectura vanguardista que es la sede del Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVIM).

El origen, siempre, es el mismo: dependen de cabildos o de diputaciones.

Se trata de ejemplos de la profusa actividad cultural de unas instituciones que estos días han caído a la arena del debate político.

Porque todas las diputaciones, cabildos y consell organizan y movilizan un sinfín de actividades, pero algunas han logrado durante los últimos años impulsar su objetivo cultural gracias a equipamientos y sedes que en muchos casos son atracciones en sí mismas.

En Málaga, el legendario edificio del Centro Cívico, que en 1938 desempeñó la tarea de ser centro de acogida de huérfanos de guerra, es hoy La Térmica, una institución con sólo tres años de trayectoria que ya se cuelga la medalla de ser la principal institución cultural de la provincia, al menos por el número de visitas en internet.

Su director, Salomón Castiel, en declaraciones a Efe, resume en tres pilares la actividad de la entidad: “Un centro de cultura contemporánea basado en el emprendimiento cultural, formación de profesionales de la cultura y exposiciones inéditas, especialmente fotográficas”, como la que muestra ahora sobre la artista mexicana Frida Kahlo.

Para ilustrar el frenesí de trabajo que se vive en La Térmica, unos datos, precisa Castiel: 300 actividades anuales o más de 85.000 asistentes en 2015, un 23 por ciento más que el año anterior. Por si fuera poco, destaca, este centro se ha enfrascado ahora en su proyección exterior y mira ya a China o a Rusia.

Creado en 1913, el Institut del Teatre de Barcelona es uno de los motores culturales de una ciudad caracterizada por su variedad programática. En Montjuic, en un edificio de 24.000 metros cuadrados, incluidas dos salas de teatro con capacidad para más de 400 personas, está su sede, una mezcla de oferta escénica contemporánea y formación de artistas.

Aquí se encuentra la Escuela Superior de Arte Dramático, el Conservatorio Superior de Danza (incluida su Escuela) y la Escuela Superior de Técnicos de las Artes y Espectáculos, además de una biblioteca, un considerable fondo documental y un museo de artes escénicas.

Centenares de alumnos buscan hacerse un hueco en la escena barcelonesa, catalana, española e internacional, ya que ése es el objetivo del Institut, según consta en su Plan Estratégico 2014-2017.

En Gran Canaria, el Cabildo se encarga de ensamblar una logística cultural que se compone del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), inaugurado en 1989; de la Fundación de la Orquesta Filarmónica y del Teatro Cuyás, entre otras entidades.

Según concreta a Efe una portavoz, el CAAM logró en 2014 más de 55.000 visitantes gracias, entre otras razones, a una exposición sobre Sorolla que resultó “un éxito”; el año pasado la cifra se quedó en más de 44.000 asistentes, números tampoco desdeñables.

Reflejo de su vocación fundacional, que es tejer un diálogo entre América, África y Europa, este museo de referencia del arte contemporáneo ha logrado acumular durante los últimos 50 años una colección con obras de artistas reputados de los tres continentes.

Tras esa estela de dinamizar la cultura se encuentra también el teatro Cuyás, que en las últimas dos temporadas ha alcanzado una ocupación media del 80 por ciento en un aforo de casi 1.000 personas, señala a Efe un portavoz de la institución.

Son ejemplos que emulan otras muchas instituciones en otras muchas provincias, como también el Museo de Bellas Artes Gravina (MUBAG) de Alicante, sede de un archivo artístico que no ha parado de crecer desde finales de los 30 del siglo pasado.

El Museo de Bellas Artes de Badajoz o el Centre Cultural La Misericordia, en Palma de Mallorca, representan más casos de lo que las diputaciones, cabildos o consell pueden hacer por la cultura.

De hecho, éste último edificio nació hace tres siglos como albergue para personas sin hogar, pero en 1977 el Consell de Mallorca se hizo con su gestión y es hoy uno de los focos de atracción cultural de la isla. EFE