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Gustavo Monge

Praga, 2 mar (EFE).- Salvo sorpresa, el primer ministro socialdemócrata, Robert Fico, revalidará su mandato en las elecciones generales este sábado en Eslovaquia, tras utilizar como gran baza electoral su férrea oposición a los refugiados y al islám.

Fico se opone a abrir las puertas de Eslovaquia y de la Unión Europea (UE) a los refugiados y ha utilizado para ello los miedos alimentados por los ataques terroristas de París el año pasado y las agresiones sexuales en Año Nuevo en Colonia (Alemania).

Con el lema de campaña “Nosotros protegemos Eslovaquia”, Fico ha reiterado una y otra vez que la única forma de “eliminar riesgos como los de París y Colonia es prevenir la creación de una comunidad musulmana importante en Eslovaquia”.

Las encuestas sitúan a su Partido Socialdemócrata (Smer) a la cabeza, con entre el 32,5 y 38,4 por ciento de la intención de voto, lejos de la mayoría absoluta en escaños alcanzada en 2012 con un 44,4 por ciento, pero suficiente para mantenerse en el poder junto con un socio de coalición.

El siguiente partido es la nueva formación liberal Siet, con entre el 10,4 y 14,5 por ciento, delante de los nacionalistas del SNS, con entre el 8,7 y 10,5 por ciento, y el partido de la minoría húngara Most-Hid, con entre el 7 y 9,2 por ciento.

A pesar de buenos datos económicos, con una tasa de desempleo que ha bajado del 14 al 10 por ciento y un crecimiento del 4 por ciento en 2015, el descontento ha crecido con el gobierno de Fico, cuya administración estuvo además salpicada por varios casos de corrupción.

Muchos eslovacos no parecen sentirse tan afectados por la supuesta amenaza migratoria aunque si están disconformes con la “arrogancia” del Gobierno frente a reivindicaciones del sector sanitario y educativo, que Fico ha ignorado.

El próximo Gobierno eslovaco asumirá la presidencia comunitaria de turno en julio, en un momento de grandes desafíos por la crisis de los refugiados, el referéndum británico sobre una posible salida de la UE y la amenaza de un nueva crisis financiera en la zona euro.

Aunque la victoria de Fico parece clara y casi inevitable, existe el posible aunque poco probable escenario de la alianza del resto de fuerzas del centro derecha.

De necesitar un aliado para apuntalar su victoria, el único que estaría dispuesto a pactar son los derechistas del SNS, como ya sucedió en el primer Gobierno de Fico (2006-2010).

Además de los buenos datos económicos, el primer ministro ha utilizado sobre todo su dura posición contra la inmigración para ganar en popularidad, en un país donde dos tercios de la población se muestra reticente a la entrada de refugiados.

El Ejecutivo eslovaco ha mantenido además una particularmente dura posición frente al islám, al rechazar que se establezcan nuevas comunidades musulmanas en el país, donde ni siquiera hay mezquitas.

Poco importa que en Eslovaquia el porcentaje de población extranjera sea mínimo y que apenas haya una comunidad de 5.000 musulmanes en una nación de 5,4 millones de personas.

El Gobierno sólo se ha mostrado dispuestos a acoger a refugiados de Oriente Medio de la minoría cristiana.

Declaraciones de Fico, como su anuncio tras los atentados de París en noviembre de que iba a pondría “bajo la lupa” a cada uno de los musulmanes residentes en el país y que quien no vea que entre los refugiados llegan terroristas es “tonto y ciego”, han despertado alarma entre los representantes de esa comunidad.

La Fundación Islámica de Eslovaquia considera que los mensajes del primer ministro ponen en duda “los valores democráticos y de convivencia de Eslovaquia”.

Al contrario que Hungría, Austria o Macedonia, Eslovaquia no ha visto pasar por sus fronteras a cientos de miles de refugiados al quedar fuera de esa ruta.

El año pasado, el país recibió solicitudes de asilo de apenas 169 personas, mientras que en la vecina Austria se contaron más de 90.000, del casi millón de personas que pasaron por ese país.

No obstante, el Gobierno eslovaco decidió impugnar ante la Justicia Europea la decisión de la UE de distribuir entre los países miembros a 160.000 refugiados.

Bratislava consideró que esas cuotas obligatorias son una “invasión” de soberanía y esgrimió que la UE carecía de legitimación para imponer esa decisión.

Según esos planes de reubicación, Eslovaquia debería acoger a 803 refugiados, algo que no ha hecho hasta ahora.EFE