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Óscar Tomasi

Lisboa, 25 feb (EFE).- Las privilegiadas relaciones de Portugal y Angola pasan por un momento delicado debido a la existencia de conflictos de intereses en la banca y la Justicia, que se suman a las severas dificultades económicas que afronta el país africano por la brusca caída del precio del petróleo.

En los últimos meses surgieron varios casos que enfrentan a las autoridades de Lisboa y Luanda, cuyos lazos se estrecharon durante la anterior legislatura y que ahora dan señales de alejamiento, pese a que los dos gobiernos se mostraron abiertos a resolver posibles “desencuentros”.

El último episodio se produjo esta semana, con el escándalo provocado por la detención de un fiscal, Orlando Figueira, que fue el responsable de varias procesos vinculados al régimen angoleño investigados en suelo luso.

El Ministerio Público se limitó oficialmente a señalar que el sospechoso está acusado de recibir “contrapartidas con la finalidad de favorecer los intereses de los sospechosos de una investigación que dirigía”.

Entre los casos que pasaron por sus manos se encuentran los vinculados con el actual vicepresidente angoleño, Manuel Vicente, el expresidente del Banco Espírito Santo Angola (BESA) Álvaro Sobrinho y el general Bento Kangamba, todos ellos por negocios en suelo portugués.

Figueira trabajó en varios de esos procesos, que acabaron siendo archivados por presunta falta de pruebas, y desde 2012 se encontraba en excedencia para trabajar en el área de auditoría del Banco Comercial Portugués (BCP), entidad de la que la petrolera estatal de Angola, Sonangol, es su principal accionista con más del 17 % de los títulos.

El abogado Paulo Amaral Blanco, que representó al que todavía hoy es el vicepresidente angoleño, confirmó haber sido llamado a declarar por esta operación y admitió en declaraciones al semanario “Expresso” que “según la tesis de los investigadores, Manuel Vicente es el corruptor” del fiscal.

Otro conflicto entre Portugal y Angola es el que afecta a la considerada como mujer más rica de África, Isabel dos Santos, después de las dudas surgidas en torno a la operación que lideró para comprar a finales de 2015 el 66 % de Efacec, una empresa lusa del sector de la energía y el medio ambiente.

Los parlamentarios -entre ellos la socialista portuguesa Ana Gomes- piden que se investigue si la sociedad en la que participa Isabel dos Santos a través de la que se hizo con Efacec no utilizó fondos públicos del Estado angoleño antes de ejecutar la compra.

La multimillonaria africana, hija del presidente del país desde 1979, José Eduardo dos Santos -acusado por diferentes ONG de corrupción y violación de derechos humanos-, salió al paso de las especulaciones y emitió un comunicado en el que garantizó la “transparencia” de la operación que, según su testimonio, se llevó a cabo con financiación procedente de varios bancos.

Dos Santos cuenta con importantes inversiones en Portugal en distintos sectores, entre ellas una participación -la segunda mayor- en el Banco Portugués de Inversiones (BPI), donde mantiene un enfrentamiento abierto con el mayor accionista, el español Caixabank.

La existencia de límites a los derechos de voto en la entidad iguala en la práctica el poder de Caixabank al de la inversora angoleña, pese a poseer el doble de títulos.

Desde el Gobierno luso ya estudian aprobar una modificación legislativa que obligue a modificar este tipo de límites y que beneficiaría en este caso a la firma catalana, lo que amenaza con enturbiar las relaciones con Angola.

Las prisas por desbloquear la situación del BPI se deben a las exigencias adicionales de Bruselas, que penalizará las inversiones angoleñas por considerar que Luanda no cuenta con un sistema de supervisión bancaria equivalente al europeo.

Por este motivo, la entidad lusa sólo tiene de plazo hasta el próximo 31 de marzo para desprenderse de su negocio en el país africano, una operación bloqueada hasta ahora por Dos Santos.

A nivel político, el nuevo Gobierno luso, de signo socialista, anunció en enero que ya está totalmente preparado el acuerdo de cooperación estratégica entre Portugal y Angola. Que se firme o no, todavía es una incógnita. EFE