viernes, 14 agosto 2020 0:52

La agresiva irrupción de Arabia Saudí en la escena política regional

Jorge Fuentelsaz

El Cairo, 28 ene (EFE).- La llegada al trono de Arabia Saudí hace un año de Salman Bin Abdelaziz estuvo acompañada de la designación de dos nietos del fundador de la Casa de los Saud como herederos al trono y de una agresiva política exterior, que los analistas vinculan con esta renovación generacional.

Para la experta Lina Jatib, la nueva “agresividad” mostrada por el régimen saudí está directamente vinculada a su ministro de Defensa, el treintañero Mohamed Bin Salman, hijo del octogenario monarca y segundo heredero al trono, por detrás del ministro de Interior, Mohamed bin Nayef, sobrino del rey.

Esta convicción la mantienen muchos otros analistas, como Yezid Sayigh, del centro de estudios Carnegie, para quien las grandes puestas en escena protagonizadas por el reino tienen que ver tanto con la intención de Bin Salman de confirmarse en su puesto como con una lucha interna entre ambos príncipes herederos.

Según explica a Efe Jatib, experta de la Iniciativa para la Reforma Árabe, fue el ministro de Defensa quien el pasado 26 de marzo logró arrastrar a ocho países árabes a la guerra en el Yemen contra los rebeldes hutíes.

Una aventura militar que contó con el apadrinamiento de Estados Unidos y que se pensaba que duraría unas semanas.

Sin embargo, diez meses después, con más de 2.700 muertos y dos millones de desplazados, los hutíes, de credo chií, siguen controlando la capital del Yemen, Saná, e importantes partes del país, lo que ha dejado el liderazgo militar saudí en entredicho.

En estos doce meses, que han sido bautizados por quienes le apoyan dentro del reino como la “era de la valentía”, los Saud no solo han querido demostrar ante los ojos del mundo su liderazgo militar en la zona.

No en vano, Arabia Saudí se convirtió en 2014 en el mayor importador mundial de armamento, incrementando su gasto en este sector un 54 %, hasta los 6.460 millones de dólares, según datos de la publicación de análisis militar “IHS Jane”.

Los Saud han intentado también erigirse en adalides del mundo musulmán con la formación de la “Alianza islámica contra el terrorismo”, una iniciativa anunciada de la noche a la mañana el pasado diciembre y que, como indica Jatib a Efe, tiene un marcado carácter sectario, ya que excluye a los países con regímenes chiíes.

Precisamente, otro de los principales pilares de la nueva política exterior ha sido el intento de aislar regionalmente al régimen chií de Irán, sobre todo tras la firma del acuerdo nuclear entre Teherán y las grandes potencias, que ha levantado ampollas en el reino.

En el marco de la larga enemistad entre el reino wahabí y el régimen iraní, tras la llegada de Salman, la retórica hostil ha ido en aumento.

Así, antes de la intervención militar en el Yemen, Riad declaró que Teherán estaba intentando convertir a los rebeldes chiíes en una “herramienta” con el objetivo de convertir el Yemen “en su base para ejercer su influencia sobre la región”.

En este clima de tensión, el 2 de enero tuvo lugar la ejecución en Arabia Saudí del clérigo chií Nimr Baqir al Nimr, lo que encendió la mecha de una sonada crisis diplomática, que aún continúa.

La muerte del clérigo fue seguida del asalto de dos legaciones saudíes en Irán, a lo que Arabia Saudí respondió cortando las relaciones diplomáticas y empujando a Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Sudán a replantearse sus relaciones con los vecinos persas.

En este sentido, Jatib considera que las autoridades han logrado un éxito relativo al aunar a los países árabes contra Irán, como quedó escenificado en la condena casi unánime de las “injerencias” de Irán proclamada durante una reunión extraordinaria de los ministros de Exteriores de la Liga Árabe el 10 de enero.

No obstante, según la analista, también ha desatado cierto malestar entre algunos de sus socios, que consideran que el empeoramiento de las relaciones con Irán va en contra de sus propios intereses nacionales.

Jatib subraya que uno de los logros de las nuevas autoridades ha sido intentar involucrarse en la solución de los conflictos regionales, como en Siria y el Yemen, aunque advierte de que todavía es pronto para determinar si la nueva estrategia ha tenido éxito.

Lo que sí es cierto es que su cada vez mayor protagonismo ha ido acompañado de mayores críticas. Una de ellas ha sido la de comparar la ultraconservadora e inmovilista ideología saudí, el wahabismo, con el extremismo del grupo yihadista Estado Islámico (EI).

Según Jatib, la presencia del EI se ha convertido en un gran reto para Arabia Saudí, no solo por las similitudes ideológicas puestas en relieve por cada vez más comentaristas, sino también porque la eventual creación de un nuevo estado bajo los principios auspiciados por los yihadistas podría minar la legitimidad religiosa de la Casa de los Saud, tachada de apóstata por el EI. EFE

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