lunes, 21 septiembre 2020 14:43

Afganistán se enreda en un galimatías institucional que amenaza su democracia

Baber Khan Sahel

Kabul, 28 ene (EFE).- La falta de consenso para lograr una reforma electoral vital, las tensiones entre los poderes del Estado y el limbo en que se halla un Parlamento que tenía que haber cesado en sus funciones hace más de medio año tienen a Afganistán enredado en un galimatías que amenaza la credibilidad de su democracia.

Casi año y medio después de ser elegido en unos polémicos comicios que abrieron una profunda crisis que se saldó con un Gobierno de unidad y un compromiso de reforma electoral, el Ejecutivo de Ashraf Gani no ha sido capaz de sacar adelante ese empeño al toparse con la negativa de un Parlamento con el periodo vencido desde junio del año pasado.

Pero el principal problema está en la pugna institucional con la propia Comisión Electoral Independiente (IEC), el ente que rige los procesos electorales en el país y cuyos nueve miembros fueron nombrados durante el anterior gobierno de Hamid Karzai.

La precaria democracia instalada en el país tras la invasión estadounidense en 2001 que puso fin al régimen talibán quedó en evidencia durante las elecciones presidenciales del 2014, un proceso embarrado por las denuncias de fraude y críticas a la IEC que desembocó en una crisis política.

La tormenta política finalmente escampó cinco meses después de la primera vuelta con la mediación de Estados Unidos y un acuerdo político para formar un gobierno de unidad nacional encabezado por Ashraf Ghani, como presidente, y su rival en las elecciones Abdulá Abdulá, que fue nombrado jefe de Gobierno.

Ese pacto incluyó un compromiso por parte de ambos líderes de reformar el sistema electoral antes de convocar nuevas elecciones.

Sin embargo eso no ha sucedido. Gani aprobó el año pasado un decreto que le daba facultades para crear una comisión de reformas y tomar medidas para ello.

No obstante, el Parlamento, pendiente de renovación desde hace más de medio año, tumbó ese decreto en diciembre pasado.

“Nosotros continuaremos nuestro trabajo de forma independiente y no permitiremos que nada ni nadie interfiera en los asuntos electorales”, indicó la semana pasada el presidente de la IEC, Yusuf Nuristani, al tiempo que anunciaba comicios parlamentarios para el 15 de octubre por su cuenta y riesgo.

La reacción no se hizo esperar y Abdulá aseguró que las próximas elecciones tendrán lugar bajo una comisión diferente a la actual, recordando que las “reforma electoral es una obligación para el Gobierno”.

Pese al rechazo parlamentario, “la reforma continúa”, dijo a Efe Mujib-u-Rahman Rahimi, portavoz de Abdulá, al asegurar que la próxima elección tendrá lugar con una nueva Comisión Electoral y una nueva estructura, incluida la sustitución de los nueves miembros del órgano, cuyo mandato no expira hasta 2019.

Así las cosas, Rahimi cree que la mejor opción que tiene Gani es aprobar otro decreto para “continuar legalmente el proceso de reformas”.

Sin embargo, con el incremento de la tensión entre el Gobierno y el ente electoral la posibilidad de un nuevo retraso en las elecciones parlamentarias no es descartable, lo cual desacreditaría más aún la legitimidad del Parlamento y por extensión la de las instituciones.

“Si las cosas siguen así seguiremos perdiendo el tiempo y las elecciones serán aplazadas”, indicó a Efe Noor Muhamad Noor, un portavoz del IEC.

El desenlace de las elecciones del 2014 hizo que mucha gente perdiera su fe en el proceso electoral, según encuestas recientes, que revelaron el desengaño con el proceso político del país.

Conforme a un sondeo realizado este mes por la organización no gubernamental Democracia Internacional entre los jóvenes del país, un 16 % de los estudiantes universitarios tienen decidido no votar en las próximas parlamentarias por la “corrupción en la Comisión Electoral”.

“Para recuperar la confianza de la gente necesitamos nuevas reformas”, estimó el analista político Jandad Spinghar, jefe de la organización Red de Elección de la Sociedad Civil de Afganistán (ACSEN).

En su opinión, la joven democracia afgana necesita una elección justa y transparente, y las acciones de los distintos grupos para impedir las reformas serán considerados como un acto “antidemocrático”. EFE