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China cede a la presión internacional y deporta al sueco Peter Dahlin

Tamara Gil

Pekín, 26 ene (EFE).- Tras emitir su supuesta confesión en televisión y mantenerle tres semanas bajo arresto, China ha cedido a la presión internacional y ha deportado al sueco Peter Dahlin.

El deportado es el primer extranjero ligado a la defensa de los derechos humanos detenido en el país, tras ser acusado de un grave delito y expuesto a un juicio mediático.

Dahlin dejó Pekín el lunes, 25 de enero, después de tres semanas en manos de las autoridades chinas, que le acusaron de ser una especie de espía extranjero con el objetivo de desestabilizar el país y atentar contra la seguridad del Estado.

La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores Hua Chunying confirmó hoy la deportación del activista, poco después de que la ministra de Exteriores sueca, Margot Wallström, confirmara que Dahlin había sido liberado.

La deportación se produjo, según un comunicado de Wallström al que tuvo acceso Efe, tras un “contacto frecuente entre el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia y los representantes chinos”, y después de que otras voces internacionales como el embajador de la Unión Europea en Pekín mostraran su preocupación por el caso.

Además de confirmar la “liberación”, Estocolmo pidió que Pekín aclare la situación de otro ciudadano de su país, Gui Minhai, librero de origen hongkonés que trabaja para una editorial que publica libros críticos con el régimen y que está en paradero desconocido, presuntamente en manos de las autoridades chinas.

Dahlin se ha visto envuelto en una insólita campaña de represión contra abogados de derechos humanos. El sueco es cofundador de la ONG China Action, una organización que ayudó o colaboró con alguno de los letrados ahora perseguidos y otras personas, como académicos, para promover el Estado de Derecho en China.

Después de que el Gobierno chino detuviera, interrogara o “hiciera desaparecer” a más de 300 abogados el pasado julio, todavía una treintena de ellos continúa bajo algún tipo de arresto y Dahlin se sumó a la lista.

Cuando iba camino del aeropuerto junto a su novia, la ciudadana china Pan Jinling, ambos desaparecieron. Iban a tomar un vuelo a Tailandia, pero nunca llegaron a cogerlo. Era 3 de enero y pocos días después las autoridades confirmaron que Dahlin era sospechoso de un grave delito: poner en peligro la seguridad del Estado a través de su ONG en China.

Michael Caster, quien ha estado haciendo campaña a favor de la liberación de Dahlin, afirmó hoy que Pan también fue liberada, si bien ella permanece en el país.

Las autoridades chinas acusaron a Dahlin de recibir dinero no declarado a través de su ONG y de llevar a cabo actividades irregulares en conexión con el bufete local Fengrui, perseguido por Pekín y conocido por defender importantes casos de derechos humanos.

Poco después, y sin que fuera arrestado oficialmente, Dahlin aparecía en el principal canal de televisión en China, CCTV, confesando sus delitos, en una práctica que el régimen ha convertido en habitual y que compañeros del sueco consideraron una “farsa”.

Ahora su “liberación” es recibida con alegría, si bien aún quedan muchos interrogantes por resolver en este caso, que ha sentado un “peligroso” precedente.

“Nunca sabremos por qué China ha liberado a Peter ahora, pero sospecho que han pensado que ya había cumplido con su cometido después de confesar en televisión que había cometido un crimen ayudando a abogados de derechos humanos”, considera a Efe Maya Wang, investigadora de Human Rights Watch.

Wang conecta directamente el caso de Dahlin con la campaña contra los letrados, a quienes las autoridades acusaron de ser “una mafia criminal” el pasado año.

“Su detención y su confesión televisada es, desde la perspectiva de las autoridades, la conexión perfecta con la historia inventada por el Gobierno sobre la mafia de abogados que utilizan dinero extranjero para minar al régimen”, subrayó.

La historia de Dahlin en China también manda un mensaje al extranjero, dice por su parte Nicholas Bequelin, de Amnistía Internacional, que recuerda que toda esta situación se produce cuando Pekín prepara una polémica nueva ley para estrechar el control sobre ONG con financiación foránea.

“China envía una clara señal de que pretende cortar la financiación externa a ONG locales”, señala.

Es el principio, dicen, de lo que está por llegar: una escalada de la represión que ya no diferencia entre chinos o extranjeros. EFE

tg-pav/abc/rml

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