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Esta madrugada los melillenses y muchos andaluces se han levantado con el susto en el cuerpo: un terremoto de 6,3 grados de magnitud en la escala de Richter les ha sacudido el sueño y, a pesar de que no ha habido que lamentar daños personales, a muchos les ha dado un buen susto.

España no es una de las regiones más peligrosas por terremotos. Aunque todo depende de con qué país nos comparemos. A la cabeza de peligrosidad en el mundo, estarían países como Chile o Japón, pero dentro del área del Mediterráneo estaríamos en una zona media: hay una actividad sísmica relevante, pero es raro que la magnitud supere los 7 grados de magnitud.

Según explica José Manuel Martínez Solares, jefe del Área de Geofísica del Instituto Geográfico Nacional, los países más peligrosos son Italia, Grecia, Turquía, Argelia y a continuación España.

La zona más peligrosa es todo el sur de España. Si lo tenemos que ver por provincias éstas serían Granada, Almería y Murcia“.

También hay peligrosidad en ciertos núcleos aislados de los Pirineos.

La actividad sísmica, temblores y terremotos, se derivan del movimiento de las placas tectónicas, que provoca una liberación de energía de forma repentina en forma de ondas. España se encuentra en el borde sudoeste de la placa Euroasiática en su colisión con la placa Africana, de ahí que la mayoría de la actividad sísmica se concentre en el sur de España. “La parte más occidental de la conjunción entre dichas placas es la fractura denominada de Azores-Gibraltar-Túnez, que es la que afecta a España“, explica el Instituto Geográfico Nacional en su página web.

ASÍ SE MIDE LA PELIGROSIDAD

A la hora de establecer qué regiones son las más peligrosas para sufrir un terremoto los expertos cuentan con dos variables: los registros instrumentales y el registro histórico. Los primeros son muy recientes, cuentan con apenas 50 años de historia, y difícilmente pueden predecir un sismo, por lo que hay que cruzarlos con las crónicas históricas y las investigaciones de arqueología sísmica.

El Instituto Geográfico Nacional cuenta con un registro de los terremotos más importantes ocurridos en la historia de España.

En el siglo XX destacan dos terremotos ocurrido en Granada, uno en 1954, de siete grados, y otro en 1956, en Albolote, que supuso que el 41% de las casas de localidad presentaran grietas y hasta el 35% resultaran inhabitables. En 1969, un terremoto de 7,8 grados sacudió el cabo de San Vicente (uno de los registros más altos de toda la serie histórica) y provocó la caída de hasta cuatro casas en Isla Cristina, Huelva. El último sismo de relevancia recogido en los registros es el terremoto de Lorca en 2011, que a pesar de haber alcanzado tan solo los 5,1 grados de magnitud provocó daños estructurales graves en hasta el 13% de los edificios de la localidad.

A pesar de que la magnitud del temblor es importante, los daños provocados no son siempre proporcionales a la escala de Richter. Entre los expertos en la materia es habitual la frase de que “no son los terremotos los que matan, sino los edificios“. Es decir, los daños dependen tanto de la magnitud como de la distancia al epicentro y la calidad las construcciones en las localidades afectadas.

De hecho, los estudiosos de la materia distinguen entre magnitud, que mide la cantidad de energía liberada y que no tiene que ver con la distancia al epicentro e intensidad, que mide el grado de daño y que va disminuyendo con la distancia. Esta distancia se refiere tanto al punto geográfico concreto como a su profundidad.

Respecto a la profundidad del foco, los terremotos que se sitúan entre los 0 y los 70 Km. de profundidad son los denominados 'superficiales' y suelen resultar los más dañinos. Los intermedios (entre los 70 y los 300 kilómetros) y los profundos (a más de 300 kilómetros) resultan a priori menos peligrosos, aunque la energía liberada se transmite a toda la placa y una acumulación de energía sí puede terminar por desatar un terremoto destructivo.

“NADIE PUEDE PREDECIR UN TERREMOTO”

Martínez Solares señala que la principal dificultad a la que se enfrentan los expertos es que “nadie puede predecir un terremoto“. Según nos cuentan en toda la historia y en todo el mundo tan solo hay un precedente de predicción certera, que fue en China en 1977. “A veces hay movimientos premonitorios, como sucedió en ese caso, pero con todo y con eso no se ha vuelto a lograr“.

Expertos de todo el mundo trabajan en el desarrollo de instrumentos y técnicas que permitan afinar nuestra capacidad de pronóstico. En este sentido se utilizan medidas geodésicas tomadas por GPS, o se intentan registrar los movimientos de las fallas desde los satélites (a esta disciplina se la llama interferometría).

No obstante, actualmente, los esfuerzos se concentran más que en predecir los terremotos “en prevenir y anticiparse“. Martínez Solares explica que “la ondas sísmicas viajan más despacio que las electromagnéticas” con lo que un sismógrafo podría detectar que se va a producir un terremoto y trasmitirlo vía radio a 300.000 kilómetros. Este sistema de alerta funcionó de hecho en el terremoto de Japón de 2011 que, sin embargo, tuvo consecuencias devastadoras.

Tendríamos unos segundos, a veces hasta un minuto que puede ser esencial para decirles a los niños que se pongan bajo las mesas, apagar una central térmica o desconectar un gaseoducto“.