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Guillermo Ximenis

Londres, 15 ene (EFE).- La perspectiva de que la comunidad internacional levante en los próximos días el veto a las exportaciones de crudo desde Irán volvió a lastrar hoy los precios del petróleo, que acumulan una caída de más del 20 % desde el inicio de 2016.

El Brent, de referencia en Europa, cerró en 28,94 dólares, por debajo de 30 dólares el barril por primera vez desde febrero de 2004, y el estadounidense Texas (WTI) acabó en 29,42 dólares, su nivel más bajo desde noviembre de 2003.

El barril de la OPEP cotizaba por su parte en 25 dólares, el menor precio en doce años, según informó hoy la organización.

Una nueva remesa de indicadores negativos para la economía china, cuya desaceleración amenaza con afectar a la demanda global de crudo, se sumó a la inquietud por el regreso de Irán al mercado del petróleo, ahogado desde hace más de año y medio por el exceso de producción.

Se espera que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OEIA) confirme en pocos días que Teherán cumple las condiciones impuestas por las potencias del Grupo 5+1 sobre su programa nuclear, tras lo cual se levantarán las sanciones que pesan sobre su economía.

“Irán quiere incrementar sus exportaciones todo lo que pueda y tan rápido como sea posible en cuanto cambie el estado de las sanciones. Aspira a exportar alrededor de 500.000 barriles diarios muy pronto y tratará de incrementar esa cifra hasta un millón de barriles”, señaló a Efe David Elmes, jefe de la Red de Investigación Global en Energía de la Universidad británica de Warwick.

“Los mercados mundiales están actualmente saturados, así que ese incremento en la producción iraní probablemente empujará a la baja los precios, o por lo menos contribuirá mantenerlos bajos”, sostuvo Elmes.

Los analistas calculan que cada día se producen en el mundo un millón de barriles de crudo innecesarios, una presión que ha derrumbado los precios casi un 75 % desde junio de 2014.

Irán, que posee la cuarta mayor reserva de crudo del planeta, es uno de los socios más potentes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), cuya estrategia de producción es el principal factor que explica la caída de los precios.

El cártel, liderado por los países del Golfo, insiste en mantener su nivel de bombeo por encima de lo que los mercados pueden absorber a fin de golpear a la naciente industria del esquisto estadounidense y mantener su cuota de mercado global.

La consecuencia de esa política es un abaratamiento del crudo, un escenario que está castigando con dureza a las economías de los miembros del grupo de exportadores, especialmente a aquellas menos opulentas.

Las tensiones internas en la OPEP que ha provocado la insistencia de Arabia Saudí y sus socios cercanos por mantener esa estrategia han obligado a convocar una reunión extraordinaria en febrero o marzo para tratar de acertar posturas, después de que el último encuentro del grupo en Viena, en diciembre, terminara sin acuerdos.

Para tratar de contrarrestar el aumento del déficit en las cuentas públicas que está produciendo el pulso de los productores, el precio del carburante ha sufrido, paradójicamente, fuertes incrementos en los últimos meses en algunos Estados de la OPEP.

Arabia Saudí ha elevado los precios de la gasolina en un 50 %, Bahréin un 60 % y Catar, Omán y Emiratos Árabes Unidos entre un 24 % y un 35 %.

Fuera de ese grupo, también están sufriendo las consecuencias de los bajos precios productores como Rusia, cuyo primer ministro, Dmitri Medvédev, alertó hoy de que no descarta revisar su presupuesto para 2016 ante las dificultades financieras que está provocando la caída del precio del crudo.

Las compañías petroleras, que han recortado empleos e inversiones en los últimos meses ante la pérdida de rentabilidad de sus explotaciones, son las otras grandes perjudicadas por el desplome.

Los consumidores de gran parte del mundo, los países importadores de crudo y compañías como las aerolíneas, cuyos resultados se ven influidos por el precio del combustible, se están viendo beneficiados en cambio por una coyuntura a la que los expertos no ven una salida a corto plazo. EFE