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Artemis Razmipour y Álvaro Mellizo

Teherán, 9 ene (EFE).- El miedo y la debilidad de Arabia Saudí ante la creciente influencia iraní en la región y el mundo, y su fracaso a la hora de impedir la puesta en marcha del acuerdo nuclear con Occidente que simboliza esta ascendencia son el motor de la escalada de tensiones entre Riad y Teherán de la última semana.

Al menos así lo explican en Irán la prensa, los analistas y el Gobierno de Hasán Rohaní, para los que no es ninguna coincidencia que la ejecución del clérigo chií Nimr Baquir al Nimr, el incidente que levantó la actual tensión bilateral, se haya producido en vísperas de la entrada en vigor del histórico acuerdo que pondrá fin a las sanciones que aislaban económica y políticamente a Teherán de la comunidad internacional.

Ese pacto entre Irán y el Grupo 5+1 (EE.UU, Francia, China, Rusia, Reino Unido y Alemania) amenaza con debilitar la hasta ahora dominante posición económica, comercial, social y política saudí en Oriente Medio en favor de sus históricos rivales locales, algo que Riad no está dispuesto a tolerar sin dar pelea.

“El problema de Arabia Saudí no es el acuerdo nuclear, sino las evidentes influencias del mismo y la mejora de las relaciones entre Irán y Occidente”, explicó a Efe Keihan Barzegar, director del Instituto Iraní de Estudios Estratégicos de Oriente Medio.

Para el analista, la ruptura de Riad con Teherán y sus intentos para crear un frente “antiiraní” en el mundo islámico no son más que manotazos de ahogado para desbarrancar este cambio de paradigma estratégico.

“El escenario que se construye es para poner bajo presión a Irán en la región y que las grandes potencias tengan que elegir entre Irán o Arabia Saudí o al menos disminuir su acercamiento a Irán”, explicó Barzegar.

Riad estuvo en contra del acuerdo con Irán desde el inicio de las negociaciones y solo aceptó su resultado a regañadientes y bajo una fuerte presión de los EE.UU.

Mientras, los saudíes no cesaron de alimentar tensiones con Irán y contra su creciente influencia, evidenciadas en su intervención en Yemen y en su apoyo a grupos como Estado Islámico en Siria e Irak, así como en su insistencia en desplomar el precio del petróleo para dañar la economía de sus rivales.

En este sentido, Mohamad Marandí, decano de la Facultad de Estudios del Mundo de la Universidad de Teherán explicó a Efe que estas políticas saudíes “fueron un fracaso” y han terminado por actuar en su contra.

“Los europeos, tras las oleadas de refugiados a sus países y sobre todo tras los ataques realizados por el Estado Islámico en Francia, se han dado cuenta de que la amenaza principal contra ellos es Arabia Saudí”, apuntó el politólogo.

Marandí apuntó que con sus intentos de embarrar la ejecución del acuerdo, Riad se está equivocando aún más y demuestra a cada paso lo lo “extremistas que son los saudíes”.

“Con la ejecución de Al Nimr resaltaron su similitud con Estado Islámico, ya que decapitaron a alguien que no ha hecho nada, no ha hecho un movimiento armado ni tampoco a animado para hacerlo”, señaló.

El Gobierno de Arabia Saudí rompió el domingo pasado sus relaciones diplomáticas con Irán tras el asalto la noche anterior de la Embajada saudí en Teherán y su consulado de la ciudad de Mashhad, que se produjo como respuesta a la ejecución del clérigo Al Nimr.

Irán detuvo a 40 personas por estos incidentes y quiso restarle importancia, mientras Baréin, Yibuti y Sudán secundaban a Arabia Saudí y retiraban a sus diplomáticos de Irán y otros países árabes como llamaban a consultas o reducían su personal en la capital iraní.

Irán prohibió por su parte la importación de bienes saudíes y acusó a Riad de bombardear su embajada en Yemen, lo que fue negado por los árabes.

Hoy, en una nota enviada a las Naciones Unidas, el ministro de Exteriores iraní, Mohamad Yavaz Zarif pidió a Arabia Saudí que atienda “a la llamada de la razón” y deje de azuzar el odio sectario, a su juicio impulsado por sectores del país árabe embarcados en la misión de “arrastrar a toda la región a un conflicto”. EFE