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Antonio Broto

Pekín, 1 ene (EFE).- China afronta 2016 con la meta de afianzarse como un actor principal en la política y la economía mundial, un plan en el que le podría beneficiar la presidencia de turno del G20, aunque tendrá que superar muchos escollos, el primero de ellos dentro de dos semanas, cuando se celebren las elecciones de Taiwán.

El 16 de enero la isla escindida desde 1949 celebra unos comicios legislativos y presidenciales en los que todos los sondeos apuntan a una amplia victoria de los independentistas del Partido Demócrata Progresista y el fin de ocho años de gobierno del histórico Partido Nacionalista Kuomintang (KMT, nacido en China y muy ligado a ella).

Este cambio, que de confirmarse también llevará por primera vez a una mujer a la presidencia de Taiwán, Tsai Ing-wen, llega en muy mal momento para Pekín, que ha vivido ocho años de enorme distensión en sus relaciones con la isla, en contraste con el aumento de los conflictos con otros vecinos del área (Japón, Vietnam, Filipinas).

La distensión vivió su momento álgido con la cumbre entre los presidentes chino y taiwanés, Xi Jinping y Ma Jing-yeou, el pasado noviembre, pero lo acordado en aquel encuentro podría quedar en papel mojado cuando Tsai y su PDP recuperen el poder isleño.

“Si el PDP, que busca la independencia de Taiwán, gana las elecciones, el entendimiento a través del estrecho de Formosa y los acuerdos de cooperación se verán dañados”, señaló Zhang Guanhua, de la Academia China de Ciencias, en un artículo publicado por el oficial China Daily.

El posible renacimiento de tensiones chino-taiwanesas tras casi una década de tregua no ayudará a la política internacional de Pekín, que seguirá también teniendo encontronazos en el Mar del Sur de China con Filipinas, Vietnam y unos Estados Unidos cada vez más decididos a ser árbitros del conflicto.

El gigante asiático asumirá en 2016 por primera vez la presidencia del G20, el club de las principales economías del mundo, lo que le dará margen para más contactos internacionales con los que resolver sus problemas cara al exterior.

La próxima cumbre de líderes del G20, los días 4 y 5 de septiembre en la ciudad oriental china de Hangzhou, será para el régimen comunista la cita más esperada de 2016, y para ella se preparará en todos los frentes durante meses, de forma similar a como hizo en 2015 con el desfile militar de Tiananmen.

El año que comienza también tendrá un importante peso económico para China, que busca demostrar a la comunidad internacional que su ralentización no es una debacle, como parecen creer los mercados, sino un paso natural en su camino al grupo de las naciones más industrializadas (del que aún está lejos pese a sus grandes cifras).

“El crecimiento chino seguirá frenándose, pero mantendrá aún un ritmo de crecimiento sostenible, calculo que de entre el 6,7 y el 7,7 por ciento”, vaticinó el economista Cao Heping, de la Universidad de Pekín.

Para lograrlo, China pondrá en marcha el XIII Plan Quinquenal (2016-2020), del que aún no se conocen muchos detalles pero en el que se espera un fuerte peso para el desarrollo de la industria tecnológica y la financiación de inversiones en el exterior, bajo el lema de las “Nuevas Rutas de la Seda” tan repetido por Pekín.

“2016 es decisivo para comenzar a construir una sociedad modestamente acomodada”, señaló el propio presidente Xi al presentar los objetivos para este ejercicio, en su discurso de fin de año emitido anoche.

En 2016 continuará la campaña anticorrupción, que podría traer nuevas condenas a exlíderes comunistas, y hay gran expectación, por ejemplo, por el futuro juicio a Ling Jihua, quien fuera secretario personal del antiguo presidente chino, Hu Jintao.

Su cercanía al poder hace pensar que Ling conocía secretos de Estado vitales, como códigos de seguridad de las residencias de los líderes chinos o hasta de activación de armas nucleares, y se teme que podrían estar en manos de su hermano Ling Wancheng, huido a EEUU, por lo que el caso ha tomado visos de novela de espionaje.

El año que nace también servirá a China para comenzar a ver los efectos del histórico fin de la política del hijo único, ya que desde hoy todos los matrimonios chinos están autorizados a tener dos vástagos.

También para ver si Pekín, que comienza a prepararse para los JJOO de Invierno de 2022, consigue que su grave contaminación se disipe, aunque sea gradualmente. EFE