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Shaalan Yaburi

Bagdad, 29 dic (EFE).- La liberación de la ciudad iraquí de Ramadi alienta la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI) y aplaca los temores a venganzas sectarias de los chiíes sobre los suníes en futuras operaciones, gracias al buen desarrollo de esta última campaña.

La expulsión del EI de Ramadi, anunciada oficialmente ayer, supone una de las mayores victorias del Ejército iraquí sobre el grupo yihadista, que proclamó a fines de junio de 2014 un califato en las zonas bajo su control de Irak y la vecina Siria.

Pese a que desde hace más de un año las fuerzas iraquíes han contado con el apoyo aéreo de una coalición internacional liderada por Estados Unidos, los avances sobre el terreno no habían sido determinantes.

“Después de liberar Ramadi se ha elevado la moral de las fuerzas iraquíes y esto va a ayudar a liberar la ciudad de Mosul, el ultimo bastión del EI”, explica a Efe el analista político Ali al Yaburi.

Las operaciones para liberar Mosul, conquistada por los extremistas en junio de 2014, se han ido retrasando debido a las derrotas previas sufridas por las tropas iraquíes.

Una de esas derrotas fue la ocurrida en Ramadi en mayo pasado, cuando ante una ofensiva del EI las fuerzas gubernamentales huyeron atropelladamente de la ciudad.

Desde entonces, el Ejército iraquí ha lanzado varias campañas militares para retomar la ciudad con el apoyo de las fuerzas antiterroristas y de combatientes tribales suníes y de la milicia chií Multitud Popular.

La milicia chií no participó sin embargo en la última fase de la ofensiva, desarrollada esta semana, ante los miedos que suscitaban entre los suníes las posibles venganzas contra sus miembros, como ya ocurrió tras la liberación de la ciudad de Tikrit, que como Ramadi es de mayoría suní.

El analista Al Yaburi afirma que la operación en Ramadi se desarrolló “sin excesos” y que esto “cambió la imagen negativa que tienen parte de los suníes del Ejército iraquí (cuyos altos mandos son mayoritariamente chiíes) y de la Multitud Popular”.

La Multitud Popular, que cuenta con el respaldo de Irán, ha jugado un papel muy importante en la lucha contra el EI, pero también ha sido acusada -por las víctimas y por organizaciones de derechos humanos internacionales- de asesinar a suníes y destrozar sus viviendas, por ejemplo en Tikrit.

La actual guerra contra el EI, de confesión suní, ha exacerbado las diferencias sectarias y ha conducido a actos de venganza contra la población de esta rama del islam por su supuesta ayuda a la expansión de los terroristas por el país.

El líder en la coalición política Fuerzas Iraquíes, que engloba a los principales partidos suníes del país, Zafer al Ani, aseguró hoy que en la batalla de Ramadi no hubo “complejidades sectarias” como sí pasó en las ciudades de Tikrit, Biyi o Yarf.

Según afirmó Al Ani en un comunicado, “la batalla fue limpia porque la Multitud Popular no participó en la liberación de Ramadi”.

El dirigente político señaló que esta campaña fue gestionada con “profesionalidad”, ya que en el campo de batalla estuvieron solo las Fuerzas Armadas y los miembros de las tribus de Al Anbar, de confesión suní.

Conscientes de la brecha sectaria, las autoridades iraquíes han subrayado tras la victoria en Ramadi que ésta se logró gracias a “la unidad” del pueblo y a la participación de combatientes de numerosas provincias y de todo signo, incluyendo a los chiíes, a los que los suníes prefieren excluir de la futura ofensiva contra Mosul.

Por ello, en su discurso a la nación ayer, el primer ministro, Haidar al Abadi, destacó que “los iraquíes de distintas etnias y sectas, con su Ejército, sus fuerzas de seguridad, su Multitud Popular y sus peshmergas (fuerzas kurdas) son los autores de las victorias del pasado, el presente y el futuro” contra el EI. EFE