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Marta Hurtado

Ginebra, 15 dic (EFE).- Una nueva ronda de negociaciones para solucionar el conflicto en Yemen comenzó hoy en un lugar no identificado de Suiza con el objetivo de mantener el alto el fuego y permitir la distribución de ayuda humanitaria, y con el desafío de sentar las bases para una paz duradera.

“Este cese de las hostilidades debería marcar el fin de la violencia en Yemen y la transición hacia el progreso basado en el diálogo de las negociaciones y en el consenso”, señaló el enviado especial de la ONU y mediador del proceso, Ismail Ould Cheikh Ahmed.

El comentario confirmaba no sólo que ambas partes habían cumplido con la promesa de cesar las hostilidades, sino que mostraba la esperanza del mediador en que el proceso sea el principio del fin de un conflicto en el que han muerto más de 6.000 personas y que ha provocado que el 80 % de la población necesite asistencia para sobrevivir.

Treguas precedentes han sido violadas y el mediador de la ONU ha considerado que en esta ocasión su cumplimiento es esencial para que las negociaciones que se inician hoy tengan alguna posibilidad de éxito.

Estas declaraciones al comienzo del proceso negociador se transmitieron a la prensa en un comunicado, dado que Ould Cheik Ahmed quiere mantener a los participantes en el proceso a resguardo de toda injerencia externa, por lo que no se ha hecho público el lugar donde se desarrollan las negociaciones.

En conversaciones anteriores, las partes hicieron a la prensa declaraciones incendiarias que desestabilizaron la negociación.

Esta vez, el mediador no quiere correr riesgos, tras semanas negociando la tregua y el restablecimiento de un proceso de paz que lleve a una transición política pacífica.

“Lograr la paz es un requerimiento fundamental para poder reconstruir Yemen, rehabilitar la infraestructura básica, enfrentar las consecuencias de la guerra, ofrecer la estabilidad necesaria para normalizar la situación en todas las provincias y reanudar la actividad económica”.

Precisamente, la situación humanitaria en el país es “catastrófica”, según denunció hoy en rueda de prensa Ahmed Shadoul, representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Yemen.

Los cortes de combustible impiden que los hospitales y los centros sanitarios puedan funcionar de forma óptima, y la falta de gasolina impide a las ambulancias rescatar a los heridos o pacientes.

De hecho, la falta de combustible también está afectando la distribución de agua y comida, así como el funcionamiento de las bombas de agua potable y de los generadores de electricidad.

Al menos 70 centros de salud y 27 ambulancia han sido destruidas, denunció Shadoul.

En algunos lugares la situación es dramática, como por ejemplo en la provincia de Adén, donde el cien por cien de la población necesita asistencia humanitaria.

O en la provincia de Taiz, donde 240.000 personas están virtualmente bajo sitio.

Precisamente, junto a los negociadores se encuentran también expertos de la ONU para ayudar a las facciones a alcanzar acuerdos que permitan acelerar la distribución de asistencia.

Las delegaciones de las dos partes en conflicto están compuestas por doce personas cada una, de las que ocho son negociadores y cuatro asesores.

La delegación del Gobierno de presidente Abdo Rabu Mansur Hadi está encabezada por su viceministro de Asuntos Exteriores, mientras que del otro lado de la mesa hay dirigentes de los rebeldes hutíes, así como del partido Congreso General Popular, del expresidente Ali Abdalá Saleh.

Los rebeldes hutíes -de confesión chíi y que cuentan con el apoyo no expreso de Irán- lanzaron una ofensiva en septiembre del 2014, y a pesar de algunas pérdidas, controlan actualmente gran parte del país, incluida la capital, Saná.

Los hutíes cuentan con el apoyo de las fuerzas leales a Saleh.

En marzo de este año, Arabia Saudí, con el apadrinamiento de EE. UU., tomó la iniciativa de actuar contra los rebeldes hutíes, y logró convencer a ocho regímenes de credo suní a formar una coalición: Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait, Egipto, Sudán, Marruecos y Jordania.

Además de dejar un reguero de muerte y desolación, la guerra ha permitido el avance en Yemen de distintos grupos yihadistas en el país, como Al Qaeda o el Estado Islámico, que han reivindicado espectaculares y mortíferos ataques contra todos los bandos. EFE