miércoles, 12 agosto 2020 8:07

Túnez remodelará en los próximos días su primer gobierno postransición

Javier Martín

Túnez, 11 dic (EFE).- Las grave crisis en el seno de Nidá Tunis, partido mayoritario en el Parlamento, unidas a las críticas por la falta de eficacia en la lucha contra la creciente amenaza del yihadismo, acabarán en los próximos días con el primer gobierno postransición en Túnez, apenas un año después de ser formado.

Así lo confirmó hoy el líder del movimiento islamista moderado An Nahda, Rachid Ghannuchi, quien garantizó, no obstante, que su formación seguirá siendo un pilar fundamental en el renovado Ejecutivo.

En declaraciones a la prensa en el Parlamento, el actual jefe de la oposición no desveló, sin embargo, si se mantendrá el equilibrio de fuerzas con Nidá Tunis o si se tratará de reconstruir la coalición, herida de muerte desde que a medidos de octubre el tercer partido de la misma, la Unión Patriótica Libre (UPL), retiró su confianza al gobierno.

En un ambiente de creciente tensión política y social, la UPL argumentó que se sentía “marginada tanto dentro como fuera de la Cámara”.

El actual gabinete está dirigido por el político independiente y ex funcionario de la derrocada dictadura, Habib Essid, y fue formado el pasado enero, semanas después de la celebración de los que están considerados los primeros comicios postransición de Túnez.

Desde su inicio, su camino ha sido pedregoso: ha tenido que lidiar con la crisis económica, cada vez más aguda, y se ha topado con un enemigo que no esperaba: la amenaza yihadista.

El 18 de marzo, dos pistoleros saltaron con excesiva facilidad los controles de seguridad en el Museo El Bardo, el más importante del país, y asesinaron a tiros a 22 turistas extranjeros, en una acción que supuso un duro golpe para su economía y un varapalo moral para un pueblo desacostumbrado al terrorismo.

Casi cuatro meses después, y causa de nuevos fallos de seguridad, un tercer pistolero hundió definitivamente la industria turística -uno de los principales pilares económicos del país- al asesinar a 38 extranjeros en una playa de la ciudad balneario de Susa.

Desde el principio, las críticas recayeron sobre los servicios de Seguridad, y en particular sobre los de Inteligencia, renovados tras el fin de la dictadura y a los que se acusa de amateurismo y de no haber detectado las infiltraciones.

Las críticas sobre el ministerio de Interior y sobre la gestión del gobierno se multiplicaron el pasado 24 de noviembre, después de un nuevo suicida matara a 12 guardias presidenciales en el peor atentado sufrido por las fuerzas de Seguridad tunecinas en la historia reciente.

El ataque llevó al gobierno a cesar al responsable de Seguridad Nacional y a sustituirlo por un hombre del antiguo régimen, en una decisión denunciada por parte de la oposición y la sociedad civil, que teme que la excusa de la lucha antiterrorista sirva para frenar y neutralizar los avances logrados durante la revolución.

La posibilidad de que el gobierno fuera renovado antes de final de año ya estaba en el aire desde hace semanas por razones estrictamente políticas vinculadas a las luchas palaciegas que se libran en el seno de Nidá Tunis.

El origen de la fractura del partido que hace un año logró aunar a grupos dispares, pero con un deseo compartido de ruptura con el pasado, se remonta a principios de este año, cuando Hafidh Essebsi, hijo del presidente del país, Beji Caid Essebsi, fue ascendido al cargo de vicepresidente de la formación.

Desde ese momento, centenares de militantes, empresarios afines y profesionales de diversos campos comenzaron a abandonar las filas del partido entre denuncias de nepotismo y críticas sobre la presunta relación de Hafidh con antiguos responsables del régimen derrocado.

A esas críticas se sumó, a finales del verano, los rumores de que el verdadero objetivo de Hafidh es suceder a su padre en la cabeza del partido que fundó y en la presidencia del país, extremos que se vio obligado a negar en público.

La desbandada llegó acompañada por la de aquellos grupos laicos que se sintieron traicionados por la inclusión en el actual Gabinete de ministros pertenecientes al partido islamista Al Nahda, contra el que Nidá Tunis hizo campaña.

El pasado 6 de octubre, el ya exministro tunecino a cargo de las relaciones con el Parlamento, Mohamed Lazhar Akremi, presentó su dimisión tras denunciar “desinterés en la lucha contra la corrupción” y se convirtió así en el primer alto cargo de Nidá Tunis en abandonar el Gabinete.

Dos semanas después, el jefe del Ejecutivo anunció el cese del ministro de Justicia, Mohamed Salah Ben Aissa, 24 horas después de que éste se ausentara de una votación en el Parlamento sobre la nueva ley para el Consejo Superior de la Magistratura, a la que se oponía.

La gota que colmó el vaso fue la denuncia el pasado noviembre de 32 diputados, que amenazaron con abandonar el partido tras recibir una paliza por parte de partidarios del hijo del presidente cuando pretendían asistir a un comité ejecutivo. EFE

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