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José Miguel Blanco

Madrid, 4 dic (EFE).- En lo que resta de campaña para las elecciones del 20 de diciembre se va a hablar mucho de herencias: de la que recibió el PP y de la que lega ahora.

La interpretación de lo que se recibe o se entrega es bien distinta en función de que se oiga a unos u otros candidatos.

Si Mariano Rajoy repite que se encontró una España al borde de la quiebra y el rescate, a quienes optan a ocupar su sillón se les escucha hablar de pobreza, corrupción y recorte de derechos tras los últimos cuatro años.

Argumentos de todo tipo que se han vuelto a escuchar hoy en los actos de campaña y a los que se ha sumado la batalla por otra herencia: la de Adolfo Suárez.

El consenso que representa es un bien preciado, y si días atrás el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se fue hasta Ávila para intentar establecer alguna similitud entre lo que representó en su día el primer presidente de la democracia y lo que él puede representar ahora, hoy ha sido Rajoy quien ha reivindicado su figura.

En su caso con el aval especial de Adolfo Suárez Illana, hijo del que fuera presidente y para quien España necesita unas “manos expertas” como las de Rajoy.

Lo ha dicho en un acto junto a una estatua de su padre y en el que el Rajoy ha apelado a la figura de Suárez para reclamar la unidad en los grandes asuntos de Estado.

Por ello, recordando a Suárez (cuya tumba ha visitado), ha defendido la forma de hacer política que quiere el PP, “basada en las convicciones” pero también hecha “con moderación, espíritu de diálogo y tolerancia”.

Adolfo Suárez cuenta con el respeto declarado de muchos socialistas y de su líder, Pedro Sánchez, a quien en alguna declaración se le ha escuchado apelar a los principios de la Transición que representó el político abulense para abordar la reforma de la Constitución.

Hoy, en Barcelona, Sánchez ha vuelto a defender la modificación del texto constitucional y a reclamar un nuevo “impulso reformista” similar a otras herencias que estarán también muy presentes en la campaña: las de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.

En un feudo catalán en el que González logró sumar muchos escaños a sus sucesivas victorias, Sánchez, en un almuerzo-coloquio, ha tendido la mano a Ciudadanos, Podemos y otros partidos para pactar un programa común con el que hacer realidad el cambio si su partido logra un voto más que el PP.

Ya en un mitin con el que ha cerrado su jornada catalana, ha animado a “retirar” a Rajoy y a Artur Mas por haber alentado la “confrontación” y ser “la misma cara de una misma moneda”.

Albert Rivera ha recalado en Palma de Mallorca para ofrecer su proyecto frente a un PP que “se agota” y un PSOE que ha dicho que quiere derogar todo

Es decir, ha seguido repartiendo sus críticas, aunque en un territorio como Baleares en el que se han sucedido casos de corrupción, ha dirigido alguna puya más para los populares.

En concreto, ante las críticas de falta de experiencia que le achaca Rajoy ha precisado que no quiere la experiencia de “aeropuertos sin aviones, de saqueos de cajas de ahorros, o de velódromos o auditorios vacíos”.

A su vez, Rivera ha sido objetivo de los reproches del líder de Podemos, Pablo Iglesias, en un mitin en Cádiz donde ha considerado que el líder de Ciudadanos sólo ha demostrado ser “muleta de lo viejo”, de Susana Díaz en Andalucía y “del partido de la Púnica” (en alusión al PP) en Madrid.

No se ha salvado el PSOE, del que ha dicho que hay un Partido Socialista en campaña y otro distinto cuando gobierna y, por eso, sus dirigentes “ya no engañan a nadie”. De ahí que haya dado la bienvenida a los cada vez más socialistas de corazón que ha dicho que votarán a Podemos.

No han faltado paseos por calles y plazas de unos y otros, los “selfies” por doquier y los recorridos por mercados.

Rajoy ha dado cuenta de las típicas yemas abulenses de Santa Teresa y ha escuchado de boca de un anciano la buena pinta que tenía la “tortilla” que llevó a casa de Bertín Osborne en el programa de TVE. Tuvo que hacer un aclaración: no era tortilla, era empanada.

Y Sánchez se ha llevado a casa una bolsa de mandarinas. Se la regalaba una frutera del mercado de La Guineueta, pero se ha empeñado en pagarla.

Pero ni pagando ha aceptado el presente que le quería entregar otro comerciante: unos calzoncillos rojos. “Esa foto -ha confesado- no la quiero”.

Su foto sí está ya en carteles por toda España, como las de Rajoy, Rivera, Iglesias… y las de otros dirigentes que no son candidatos a la Presidencia del Gobierno.

Es el caso de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, cuya imagen puede verse por todo Madrid. Ante las interpretaciones de si eso quiere decir que se le da especial protagonismo por lo que pudiera pasar el 20D, el PP ha salido al paso.

Las banderolas del partido se reparten por toda España al 50 por ciento entre Rajoy y el número uno de la lista en cada provincia excepto en Madrid, donde ese reparto se hace con el número dos. En total, 1.400 de cada uno. En campaña, todo se mira con lupa. EFE

BB/agc

(foto)(audio)(vídeo)