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A 16 días de los comicios, con un 41% de indecisos, lo único seguro es que el bipartidismo dará paso a un pacto con las fuerzas políticas emergentes. Y las combinaciones son varias, aunque algunas parecen descabelladas a esta hora, como la gran coalición a la alemana entre PP y PSOE. De este modo, Mariano Rajoy, que parte como favorito aunque sin garantías de poder formar Gobierno. Mientras, Pedro Sánchez siente la presión de los emergentes y los dos nuevos aspirantes, Albert Rivera y Pablo Iglesias, deben demostrar su capacidad para pasar de ser importante, a decisivos e incluso a intentar encabezar un pacto de Gobierno. 

Rajoy no parece estar por la labor de debatir con más un candidato que, según él, debe ser Pedro Sánchez, el actual jefe de la oposición que es, probablemente, el contrincante con el que se sentiría más a gusto en un debate. Por motivos obvios. En el PP saben que si el PSOE se hunde es porque Iglesias, pero sobre todo Rivera, habrán crecido mucho a su costa. Y Rajoy va a eludir debates con sus cuatro directos competidores y optaba por una entrevista convencional. Rajoy se sabe ganador con toda certeza y la única duda que le queda es con quién y cómo se tendrá que entender. No quiere arriesgar. Tiene poco que ganar y muchísimo que perder. Su campaña será confortable. Los asesores de Mariano Rajoy le han preparado una campaña confortable y sin riesgos: actos electorales en ciudades medianas, entrevistas en programas poco conflictivos.

Así las cosas, según el diario El País, las cuentas de Génova para conseguir un resultado que garantice el gobierno pasa por obtener más de 125 escaños y el PSOE no baje de 90. Este descalabro sitúa a Rivera como segunda fuerza lo que no facilitaría la investidura de Rajoy si es que Ciudadanos cumple lo que ha repetido varias veces en las semanas precedentes. 

En el PSOE se sienten acorralados a izquierda y derecha. Rivera e Iglesias van a seguir intentando pescar hasta el último día en los caladeros socialistas. Tienen unas elecciones muy complicadas. ¿Su meta? Superar los 105 diputados, cosa que a esta hora parece un mundo. 

En el cuartel general de Ciudadanos hay días que creen no solo que pueden adelantar al PSOE, sino también al PP, aunque las encuestas les desmientan. La inercia conseguida tras las elecciones catalanas les ha dado una importante velocidad de crucero y Albert Rivera acepta todos los retos, en forma de debates, que le proponen. Rivera se anuncia como decisivo casi en cualquier escenario si es que se cumplen las encuestas. 

Por su parte, en las oficinas de Podemos, Pablo Iglesias no tira la toalla de subir al podio, aunque todos los sondeos indican que lleva varios meses sin conseguir cerrar la brecha abierta por Ciudadanos. Confía en la campaña, en los debates, en las tertulias de televisión que le encumbraron hace más de un año y, sobre todo, en las acciones sorpresa que le gusta plantear de vez en cuando. Podemos ha presentado un programa de corte socialdemócrata -con memoria- para plantar cara al PSOE. Si pierden credibilidad es otra cosa. 

Arranca la campaña más abierta de la democracia, en la que los partidos lucharán provincia a provincia, escaño a escaño y mientras parece que algunos de los 'outsiders' fichados para dar lustres a las listas electorales se pueden quedar fuera del Congreso. Eso es pinchar en hueso si es que se cumple la última encuesta del CIS conocida ayer.  Así, el general Julio Rodríguez y el portavoz de una asociación de la Guardia Civil, Juan Antonio Delgado, fichados por Podemos, se van a quedar fuera del Congreso de los Diputados. Pero tampoco tomarán posesión Zaida Cantera, reclutada por Pedro Sánchez, ni Eduardo Madina, seis y siete por Madrid, dado que el CIS les atribuye allí cinco escaños.