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El recluso, nacido hace 50 años en la base militar de Estados Unidos en Rota (Cádiz, España), está en la prisión de Wakulla y ha sido trasladado al departamento médico de la cárcel para seguir de cerca su estado de salud, que en los últimos días ha sufrido un importante deterioro.

Ángeles Pérez, la madre del preso, ha contado a las agencias que su hijo se mantiene desde el pasado 17 de agosto tomando agua y sin probar alimento hasta que logre ser trasladado a una cárcel española y evitar así regresar al presidio en Florida, en donde ha sido víctima de abusos “físicos y mentales” de otros reclusos y funcionarios del Departamento de Prisiones de este estado.

“Lo matarían en esa prisión, y él lo sabe”, manifestó Pérez, al explicar que su hijo teme represalias por parte de los funcionarios de la cárcel a raíz de una carta que envió a las autoridades y en la que en 43 puntos denuncia las numerosas “humillaciones y vejaciones”, algunas de índole “sexual”, sufridas en los 22 años que lleva en diferentes penales de Florida.

La madre, que recibió hace cuatro días la última carta de su hijo, señaló que Meissner ha sido objeto de “amenazas de muerte” y “agresiones” de funcionarios y otros prisioneros y, por ello, ha remitido cartas al gobernador de Florida, Rick Scott, y al presidente de EEUU, Barack Obama, sin obtener respuesta de momento.

“El quiere estar en España, no quiere estar en Estados Unidos”, insistió la mujer, con la voz entrecortada y sin poder contener las lágrimas, invocando “compasión” a las autoridades locales para que trasladen a su hijo a una prisión española, tras considerar que éste ha pagado ya su “error” por el daño cometido en su día.

Hijo de un estadounidense y de una española, Richard Meissner fue inicialmente condenado en 1995 a la inyección letal, pero consiguió esquivar la ejecución gracias a las gestiones de su familia, sus abogados y organizaciones políticas y sociales españolas, que tras una gran movilización lograron la conmutación de la pena de muerte por cadena perpetua.