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El pasado 24 de marzo, Andreas Lubitz hizo una prueba sobre el descenso que sería necesario para causar el desastre. Y lo hizo, además, en un vuelo anterior de la misma ruta Frankfurt-Barcelona, según las conclusiones del análisis de la BEA sobre los vuelos anteriores realizados por el mismo avión y de la segunda de las cajas negras, que adelanta el diario alemán 'Bild Zeitung' y que desde esta mañana publica el diario El Mundo.

Hubo un ensayo, u8na prueba de que la maniobra sería exactamente mortal de necesidad. Letal. El informe confirma un “descenso sin justificación técnica y controlado en los mandos durante varios minutos” que tuvo lugar en el vuelo de ida y que permitió a Lubitz comprobar que su plan funcionaba. También ha quedado constancia de que el descenso definitivo fue “verificado por el copiloto” con las 150 personas a bordo.

Una vez probada la voluntad de causar el desastre del copiloto, la responsabilidad de Lufthansa de cara a posibles indemnizaciones quedará fijada por el grado de control que demuestre haber ejercido sobre los datos sanitarios de Lubitz. Sobre lo que las evidencias no parecen halagüeñas para la compañía.

La aerolínea alemana no informó a las autoridades del tráfico aéreo de los trastornos psíquicos que padecía Andreas Lubitz, según fuentes del departamento del Tráfico Aéreo y como consta en las actas del copiloto, quien en 2009 reanudó su formación en la escuela de Lufthansa tras aparentemente haber superado una depresión grave.

Así las cosas, el 'ensayo' de Lubitz y las posterior tragedia está teniendo consecuencias gravísimas. Por empleo, una inmediata: La compañía Germanwings desaparecerá antes de final de año. Su matriz, Lufthansa, volará con una nueva marca lowcost, Eurowings, para evitar el severo daño de imagen.