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Joan Rosell crea dudas en la CEOE pese a su victoria

Pese a la victoria ajustada frente a Antonio Garamendi como líder de la CEOE, Joan Rosell tiene un sabor agridulce. Agridulce porque el margen ha sido muy estrecho- una mínima diferencia de 33 votos- y porque la confianza del resto de miembros de la patronal se ha diluido como un azucarillo en los últimos cuatro años.

Un mandato en el cual Joan Rosell pretende seguir con sus iniciativas propuestas en sus primeros años: más flexibilidad, simplificar las modalidades de contratos, potenciar el salario variable con objetivos definidos y aligerar el papeleo en cuanto a contratos, recibo de salario y notificaciones entre las partes.

El propio Antonio Garamendi, consciente de lo ajustado que ha sido el resultado, es consciente de que el camino que plantea Rosell es el más apoyado en el seno de la patronal pero muchos otros apuestan por una necesidad de reformas. Y es que la imagen de la CEOE ha quedado severamente dañada tras los escándalos corruptos de miembros como Arturo Fernández o Jesús Terciado. En esa tesitura, el actual líder del organismo no puede ser extremadamente juzgado pero sí cuando aparece ante los medios de comunicación para destacar que “la labor de los funcionarios no es la mejor” y que “las estadísticas de desempleo han mejorado mucho”.

Todo ello ha creado un monstruo- especialmente entre los ciudadanos, que siguen recelando mucho del poder empresarial- que, en principio, favorecía a Garamendi, apoyado por sectores con peso en la sociedad como la metalurgia o la construcción. Sin embargo, ese lavado de cara con fuertes códigos éticos han quedado en el olvido. 

Garamendi, presidente de Cepyme, se ha mostrado “orgulloso de lo hecho” y habrá que esperar si es en 2018 cuando busque, por segunda vez, hacerse con los mandos de la patronal. El apoyo de Rosell, cómo muestran los resultados, poco a poco va cayendo.

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