viernes, 25 septiembre 2020 18:48

Pobreza y desigualdad en España: Regreso a los 90 gracias a la crisis

Decenas de miles de familias viven una regresión en el tiempo. La crisis económica, el paro y la precariedad laboral nos ha sometido a un retroceso social casi de hipnosis… económica. Y es que según asegura la ONG Unicef, los ingresos de las familias con hijos en España han dado un “gran salto atrás” de diez años durante la presente crisis económica, un retroceso que nos sitúa por detrás de Grecia en esa valoración y junto con Irlanda y Luxemburgo. 

Unicef asegura que las familias con hijos en España perdieron el tren del futuro, lo que provoca “cada vez mayor alienación social y menor crecimiento demográfico”. De hecho, recuerda que las tasas de fertilidad se han ralentizado por primera vez en diez años por que “los jóvenes adultos postergan la formación de una familia a causa de la situación económica”

             

Elisa Chuliá, profesora de sociología de la UNED, tiene claro que “la generalidad de las familias viven peor que hace ocho años. No pueden comprar los mismos bienes y servicios. Se ha producido una devaluación interna que, no es solo económica sino también social. O queda menos clase media o ésta se ha tenido que redefinir a la fuerza. Es una cuestión subjetiva, que está en el ambiente de pesimismo reinante, pero que se ve validada por los datos objetivos. Un altísimo porcentaje de trabajadores gana nominalmente menos dinero que hace 10 años”.

En este contexto de retroceso económico y social, los niños son los más vulnerables porque, según el estudio, “la pobreza es un ciclo que se retroalimenta” y “cuanto más tiempo permanezca el niño atrapado en el ciclo, menores posibilidades tendrá de escapar”.  Además, Unicef señala que la recesión ha golpeado “con extrema dureza” a los jóvenes y ha llevado a que el porcentaje de aquellos que ni estudian ni trabajan ('ni-nis') haya crecido de forma espectacular en la mayoría de los países de la Unión Europea. 

De hecho, nuestro país es el sexto país con más aumento de los 'ni-nis', que en los cinco años comprendidos entre 2008 y 2013 pasaron del 14,3% al 18,6%, cifras que solo empeoraron en Italia, Rumanía, Croacia, Grecia y Chipre, frente al liderazgo de Turquía, Alemania y Japón. En total, España contaba con 830.966 jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban en el año 2012, frente a los 715.939 del año 2008. 

No es el único estudio que durante las últimas semanas nos ha podido sonrojar. Según el informe de Fomento de Estudios y Sociología Aplicada (Foessa), solo el 33% de los hogares españoles no está en riesgo de exclusión social. Además, la tasa de trabajadores pobres representa el 20% de la población asalariada. “Las familias integradas plenamente en nuestro país ya son estricta minoría. Representan tan solo el 34,3% mientras que en 2007 superaban el 50%”, dice Francisco Lorenzo, coordinador de este informe. Los indicadores que señalan el riesgo de vulnerabilidad son por ejemplo no poder pagar la calefacción en invierno, dificultades para acceder a los medicamentos o no poder tener una alimentación adecuada, entre otros. 

                   

De ese modo, la exclusión social que afectaba a 7,3 millones de personas en 2007, un 16,3% de la población, se ha intensificado hasta alcanzar 11,7 millones de personas, es decir que asciende ya al 25% de la población. Un 60,6% más que hace siete años. Y cinco millones de personas – el 10,9% del total- se encuentran afectadas por situaciones de exclusión severa. ¿Soluciones? El secretario general de Cáritas, Sebastián Mora, asegura que “es necesario incrementar los esfuerzos en protección social y garantizar un sistema de ingresos mínimos”

En la otra cara de la moneda, el informe revela que la crisis no ha logrado acabar con el mayor enorme capital social de los españoles, la familia. “Hay que resaltar el papel esencial de las familias. Ellas han sido un colchón, por eso entendemos que las mejores políticas sociales son las que se sustentan en la institución familiar”, indica Mora.

UNA REALIDAD DE CONTRASTES

Hay sociólogos que sostienen que la verdadera democracia se disfruta solo en una sociedad de derecho plena y con garantías de acceso a la riqueza y el bienestar para todo el mundo. Si no fuera así, hablamos de una democracia parcial. Y es que desde el inicio de la crisis económica el número de 'milmillonarios' en el mundo se ha más que duplicado, pasando de 793 en 2008 a 1.645 en 2014. 

¿Y en España? Nuestro país es el segundo país más desigual de la UE. “La creciente desigualdad no es fruto del azar sino el resultado de políticas concretas que han desequilibrado la balanza. Estos altos niveles de desigualdad generan sociedades duales y poco cohesionadas”, dice José María Vera, director general de Intermón Oxfam. 

“Son necesarias políticas más redistributivas que apuesten por reducir la desigualdad: recaudar de forma justa y progresiva e invertir en políticas que garanticen la igualdad de oportunidades, junto con un acortamiento de las escalas salariales y la disminución de las brechas entre hombres y mujeres. El Gobierno español va en dirección contraria al promover una reforma fiscal que no servirá para recaudar de una manera más justa y al presentar unos Presupuestos Generales del Estado que no apuestan por un incremento del gasto social”, afirma Vera. 

LA APUESTA POR LA IGUALDAD, UN VALOR COMPARTIDO

Una encuesta realizada en 2013 en España y cinco países más  -Brasil, India, Sudáfrica, el Reino Unido y Estados Unidos- reveló que la mayoría de las personas considera que la diferencia entre los más acaudalados y el resto de la sociedad es demasiado amplia. De este modo, el sistema fiscal en su función de redistribución limitada de la riqueza es otra herramienta con la que cuentan los Gobiernos para hacer frente a la desigualdad. Según Elisa Chuliá, lo más preocupante es la injusticia intergeneracional en que incurriremos: “Nuestros hijos vivirán manifiestamente peor que nosotros y ese paso atrás histórico será aún más injusto cuando, además, tengan que pagar las pensiones de los 'baby-boomers'. Está por descubrir cómo serán capaces nuestros hijos de poder vivir y pagar los impuestos necesarios para sufragar esa factura”.