Compartir

Hay quien asegura que sí. De hecho, ya hay conversaciones avanzadas y, de momento inciertas, que estarían siendo dirigidas entre bambalinas y al margen de presiones incómodas en un sentido u otro, por la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáez de Santamaría y el líder de Uniò, Josep Antoni Durán i Lleida. ¿Hasta dónde se está dispuesto a llegar? Tal y como asegura elconfidencial.com hasta el punto que asegure que no habrá nuevos movimientos independentistas a corto plazo, mientras quedaría sellada constitucionalmente la singularidad de Cataluñá dentro del Estado español. ¿Cómo? El Gobierno estaría dispuesto a reconocer a Cataluña como nación y lo incluiría en una reforma de la Carta Magna consensuada que dejaría blindadas las competencias en financiación, lengua y cultura.

Hay algún indicio de que algo se mueve en este sentido. “El Gobierno no está en absoluto cerrado a retocar la Constitución”, aseguró la semana pasada el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo ante el líder del PSOE, Pedro Sánchez, que estaría siendo informado de las conversaciones al respecto por el líder del PSC, Miquel Iceta, tambiñen involucrado en las mismas. El problema es que esa reforma estaría aplazada hasta después del 9-N -que quedaría en tormenta dentro de un vaso de agua- y que debe estar condicionada a que sea el Gobierno y Mariano Rajoy quienes dirijan los tiempos y la fórmula de la escenificación de ese acuerdo y su anuncio. Es decir, los tiempos serían 'cosa de Madrid' 

“El debate en el PP sobre la reforma de la Constitución la debe adoptar el presidente cuando considere que es el momento oportuno”, zanjó el ministro.

Los contactos con importantes empresarios y políticos catalanes para debatir esta solución ya han comenzado. Y es que en Cataluña muchos de los principales actores han llegado a la conclusión de que hay que encauzar la situación con cierta urgencia. La mayoría admite ya en privado que la solución pasa por un acuerdo del Gobierno central con la Generalitat para desbloquear el conflicto. Y en esas estamos. Con el horizonte de que Cataluña sea reconocida como 'nación' en la Constitución. Hay una percepción clara de que esta solución final puede satisfacer la demanda de una parte muy importante de los ciudadanos de Cataluña.

¿Se acabará así con el independentismo? Evidentemente no. Pero dará una imagen de cierta flexibilidad que facilitaría la convivencia de todas las sensibilidades en Cataluña. El Gobierno es consciente de que el sistema actual está en profunda discusión y está favoreciendo el ascenso imparable de formaciones como Podemos. Por eso, cualquier guiño al cambio del sistema establecido, que contribuya a dar la sensación de que no es intocable, puede resultar ahora positivo.