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En el Palacio del Quirinal tiene su residencia oficial el jefe del Estado italiano, el presidente de la república, Giorgio Napolitano. Allí tendrá que responder éste a las preguntas que le formulen lso abogados de Toto Riina, el capo de Cosa Nostra condenado a cadena perpetua y al que se atribuyen unos 40 muertos de su propia mano y cientos de asesinatos cometidos por sicarios bajo sus órdenes. ¿Cómo es posible? 

No habrá público, solo abogados de las distintas partes, pero Napolitano declarará en un proceso que investiga si, tras la campaña de sangrientos atentados llevados a cabo por Cosa Nostra a principios de los años 90, el Estado italiano negoció un acuerdo con la mafia. El pacto habría consistido en suavizar las condiciones penitenciarias de los mafiosos encarcelados a cambio de que Cosa Nostra pusieran fin a su campaña de atentados.

¿Qué papel tiene en esto Napolitano? Es testigo, no acusado, y ha indicado que responderá a todas las preguntas que se le hagan. Incluidas las que le formule el abogado de Toto Riina. Y s que el gran capo de Cosa Nostra así como Leoluca Bagarella, uno de los asesinos más despiadados de la mafia, es una de las 10 personas que se sientan en el banquillo de los acusados en el proceso bautizado popularmente  la 'tratattiva' (la negociación). 

Y para poner más pimienta a la declaración del Jefe del Estado italiano, Riina pidió seguir por videoconferencia la declaración de Napolitano. No se lo autorizaron, pero su abogado le hará preguntas. 

Napolitano tendrá que explicar el contenido de la carta que le escribió Loris D'Ambrosio, un ex asesor jurídico del Quirinale, un mes antes de morir de un infarto en julio de 2012. Se da la circunstancia de que D'Ambrosio le cuenta en la misiva su temor de haber sido utilizado como “útil escribano” de “acuerdos que no se pueden contar” y que habrían tenido lugar entre 1989 y 1993, periodo en el que trabajó en el Ministerio de Justicia, en estrecha colaboración con el magistrado antimafia Giovanni Falcone.

No solo eso. En medio de todo este embrollo estaría una nota redactada por los servicios secretos italianos en el verano de 1993 en la que advierten de la posibilidad de que se cometa un atentado contra el entonces presidente de la Cámara de los Diputados, que en aquel momento era Giorgio Napolitano