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Falla el discurso: ¿Por qué los políticos nos cuentan historietas para enamorados?

¿En qué idioma nos hablan los políticos? ¿Qué entendemos de los discursos de los candidatos clásicos? Los hechos son los hechos. PP y PSOE consiguieron, juntos, 30 diputados y perdieron, entre los dos, 17 asientos en Bruselas. Sin querer ir más allá con el dichoso fin de bipartidismo -aún por ver en las próximas municipales y generales- puede que estemos comprobando el triunfo de otras formas de hacer política con la irrupción de Podemos. Es sabido que la principal arma política que existe -o herramienta, si preferimos una expresión menos belicista- es el lenguaje. Más de cuatro mil años han pasado, pero al final, todo sigue siendo discurso y elocuencia. Si un termómetro claro para medir la eficiencia del trabajo político son las urnas, los partidos mayoritarios obtendrían un clarísimo 'necesita mejorar' en su forma de comunicar, en sus discursos. Y en 'lo que se dice' y en el 'cómo se dice' puede estar el motor de la reacción de los ciudadanos tras los votos del pasado 25 de mayo

Es verdad que el descontento llenó y vació -ambas cosas- las urnas del 25-M, pero parece seguro que el auge de Podemos, un partido de 'outsiders' en su mayoría profesores universitarios ideológicamente enclavados en la izquierda, puede poner al descubierto un éxito rotundo en la manera que han comunicado.

Parece un hecho contrastado que el juego político, las confrontación política tal y como se escenifica en España aburre al común de los mortales que ven en el Parlamento una realidad absolutamente ajena sus problemas y, lo más grave, seguramente extraña a las posibles soluciones. ¿Necesitamos que alguien nos hable con nuestro propio lenguaje, con un código fácilmente entendible en el que podamos vernos reflejados? Puede ser… Son muchos los factores que ya se han dicho sobre las claves del triunfo de Podemos, pero una reciente investigación parece poner indirectamente el dedo en la llaga de su forma de llegar a los ciudadanos. 

                               

Este estudio, un ensayo lingüístico en realidad, concluye que el uso del lenguaje que hacen los políticos de los partidos mayoritarios favorece, precisamente, la desafección de los ciudadanos. Así lo cuenta en 'Unos políticos del lenguaje' la catedrática de Lingüística en la Universidad de ValenciaBeatriz Gallardo. La investigación de Gallardo plantea ahondar en el lenguaje político a partir del análisis de los argumentarios del PP y PSOE entre 2008 y 2013, una vez que ya nos precipitábamos de lleno por la ladera de la crisis. La obra analiza también hasta qué punto su discurso y su ampliación mediática importa la hora de analizar la desafección, el desapego y desagrado de los ciudadanos ante los partidos mayoritarios y no puede ser más clara y rotunda.”Los públicos de la era digital y de la crisis ya no se conforman con los discursos de etapas anteriores, necesitan algo más que la identificación emocional ante los episodios más o menos dramáticos que vivimos. Y esa es la baza que han jugado las formaciones que, provistas de un escenario mediático televisivo, parecen ofrecer discursos argumentativos, aparentemente racionales”, dice la autora

Ese puede ser el problema, pero Gallardo se anticipa con una solución, ahora que por ejemplo el PSOE toca a rebato con su renovación: “Si los partidos mayoritarios fueran capaces de dar la palabra a buenos interlocutores, con habilidad dialéctica proporcional, evidenciarían que hay más falacias que argumentos, y un personalismo distinto pero también muy fuerte en algunas de las nuevas opciones políticas. Por otro lado, si el sistema no cambia, en cuanto estas formaciones crezcan -en miembros y en simple cronología-, es previsible que sus protagonistas pasen a ser también pasto del relato, y las diferencias se pueden difuminar”. O sea, algo así como que también se conviertan en actores con las mismas manías comunicativas de los partidos clásicos.

Pero, ¿y qué manías son esas? Los políticos “usan las palabras de manera ambigua, cuando no intencionalmente equívoca para que cada receptor puede acomodar el mensaje a una interpretación que se amolde a su personal visión del mundo. Estos mensajes buscan la adhesión electoral y emocional. O haciendo un paralelismo, los políticos igualan sus discursos políticos a los discursos amorosos”. Gallardo recuerda unos versos del poeta Pedro Salinas: 'lo que eres/ me distrae de lo que dices'. Y en esa distracción, uno va y vota”, concluye.

                               

Y en ese punto nos encontramos con que no comunican igual 'los unos' y 'los otros', según Gallardo: “siendo muy reduccionista, el PP usa mejor la retórica que el PSOE, sin tener en cuesta la honestidad del lenguaje o la intención manipuladora”. Los argumentarios del PP están elaborados para que los vea el ciudadano. Son mensajes que hablan sobre todo del juego político -un 67% de sus enunciados-, y muy poco de las políticas que ofrece a la ciudadanía; se apoya sobre todo en la construcción de un “nosotros” frente a un “ellos”, es decir, en el alineamiento emocional. “En los argumentarios del PP encontramos ataques personales a los políticos de otros partidos, que entran incluso en el ámbito de la vida privada, algo que jamás aparece en el PSOE, que sí habla más de políticas -aunque tampoco demasiado, un 50%-. Sus discursos están llenos contraargumentos, y parece evidente que no se redactan para el ciudadano, sino para el político socialista que luego hablará con los medios o con los ciudadanos; lingüísticamente son menos eficaces, y de nuevo hablo solo en términos retóricos, no de contenido político”.

Pero en general, según Gallardo, “los discursos políticos han convertido a los mismos políticos en protagonistas de historietas”, y todo porque las teorías sobre la comunicación de masas y el 'marketing' político sobreestiman las preferencias de las personas por discursos narrativos y convierten a los políticos en protagonistas de historias, a veces de verdaderos culebrones.

Pero, ¿hay ejemplos? Esta experta opina que el último es muy cercano: “El tema más discutido -y muy visceralmente discutido- en la campaña europea fue si Cañete era más machista que Valenciano inculta, y los medios han dedicado páginas y páginas a este tema como si fuera lo más importante en la política de la Unión Europea”

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