Compartir

Se casó el 4 de octubre de 1997 en la catedral de Barcelona. Diecisiete años, cuatro meses y cuatro días después, el 8 de febrero de 2014, esa misma mujer, hija de rey e infanta de España, declaraba en el juzgado número 3 de Palma ante el magistrado José Castro imputada por un delito de blanqueo de capitales y otro fiscal. Puede pensarse que el hombre que la llevó al altar también la había llevado al juzgado. Le aconsejaron que le dejara pero ella prefirió permanecer fiel a su marido, como cuenta Paloma Barrientos, autora de 'La Infanta invisible'. 

La forma de proceder de Cristina de Borbón podría resumirse de manera muy esquemática: Ella habría antepuesto su papel de esposa al de infanta de España. Las razones están expuestas en la obra de Barrientos, haciendo un exhaustivo recorrido por la vida de la segunda hija de los Reyes de España intentando trazar un retrato psicológico del personaje que explique su comportamiento de estos últimos años.

Cristina de Borbón es la segunda de los tres hijos de los Reyes de España y eso la convirtió toda su vida en la infanta invisible, de ahí el título del libro. Además, Cristina era “la infanta lista”, como se la conocía popularmente, y nunca necesitó el apoyo de nadie para sacar adelante sus estudios y planificar la que sería su vida fuera de Zarzuela, algo que no ocurriría con su hermana. El libro de Paloma Barrientos describe cómo aprovechó la coyuntura para hacer en todo momento lo que quiso hacer. Apenas despertaban interés sus correrías nocturnas por Madrid, ni todos los chicos con los que se la relacionó -Fernando León, Cayetano Martínez de Irujo, Juanjo Puigcorbé o José Luis Doreste-, ya que apenas se oficializó uno de sus romances: el del aventurero Álvaro Bultó.

Y es que Cristina de Borbón fue, es sobretodo, una infanta de España con ansias de libertad. Quería hacer su vida fuera de Zarzuela ya desde los 23 años. Pero su padre se negó. Ante la negativa de su padre, Cristina hizo igualmente el petate y, con la excusa de completar su formación, se fue a vivir primero a Nueva York y luego a París, donde ejercería de becaria de la Unesco. 

Lo que vino después, en fin, es sobradamente conocido… O casi.