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El Papa Francisco ha revelado que en Buenos Aires, una vez, se rindió a “ese ladrón que hay en todos” y robó una pequeña cruz del ataúd de un sacerdote para guardarla como recuerdo de esa persona.

En una conversación con sacerdotes romanos este jueves, Francisco ha recordado que cuando él estaba en Buenos Aires, su ciudad natal, asistió al funeral de un anciano cura al que admiraba.

El Papa notó que no había flores en el féretro, por lo que compró algunas y las colocó en el ataúd, donde el sacerdote fallecido sostenía un rosario en su mano.

“De repente, ese ladrón que todos tenemos dentro de nosotros apareció en mi mente. Mientras depositaba las flores, tomé la cruz que estaba en el rosario y, aplicando algo de fuerza, la saqué”, ha contado.

Francisco, que no ha indicado la fecha en que ocurrió el episodio, ha agregado que desde entonces ha tenido esa cruz siempre con él, como recuerdo del sacerdote y de la misericordia que éste mostraba hacia otros