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Doscientos años es Nueva York son demasiados. Cuándo a finales de 1.800 un grupo de cisnes desembarcó en la gran manzana, nadie imaginaba que terminaría por convertirse en una “especie invasora”, un problema para la fauna de Centrar Park.

Suena duro, pero si en lugar de cisnes el objetivo fuera un animal 'menos agradable' para la vista, el debate sería distinto. Es cierto, y a diferencia de lo que publican otros medios, la veda del cisne no está abierta (no se pretende fusilar a los pobres), sino que se pretende gasear los huevos antes de que eclosienen. De esta manera se irá erosionando poco a poco la presencia de la especie, hasta que en 2025 los cisnes sean historia.

Evidentemente los grupos ecologistas y de defensa de los animales han gruñido la protesta, “Somos conscientes de que hay muchos amantes de los cisnes, pero no podemos basar nuestra política tan sólo en la belleza de un pájaros que tienen efectos tan negativos“, ha asegurado el experto en aves acuáticas, Bryan Swift a 'The New York Times'.

Es cierto, que la protesta no es muda para el Estado de Nueva York que ya ha presentado una alternativa al 'plan de extinción'. La Administración ha propuesto que los dueños de las fincas cercanas se hagan cargo de las aves, siempre y cuándo se comprometan a no dejarlas migar de nuevo a la gran ciudad.

Por supuesto, siempre triunfa la anécdota. Varios vecinos del Prospect Park del barrio de Brooklyn afirman que han puesto nombre a varios cisnes, los alimentan a diario arrojando pan e incluso pizza al estanque dónde viven.