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Algunos han visto en el caracol una oportunidad para salir de la crisis. Otros, un negocio en alza que, aunque lento, casi siempre obtiene resultados positivos. Y es que, con creces, la demanda del caracol supera a la oferta, y mientras los restaurantes esperan abastecerse de nuevas especies, en las granjas repartidas por toda España trabajan a destajo para, al final de cada temporada, colocar al 100% toda la producción obtenida.

Y es que una de las grandes ventajas que tiene el negocio del caracol es que es relativamente barato, requiere de una inversión inicial mínima y la temporada de cría (de primavera a octubre) no es demasiado larga, por lo que el resto del año se puede compatibilizar con otras actividades. 

Quizás el principal inconveniente es que, si no tienes un terreno en propiedad, el alquiler es lo que elevaría el coste de mantenimiento de la granja que, de lo contrario, sería mínimo, reduciéndose al consumo de agua y a los pastos o piensos vegetales con los que se alimentan los pequeños animales para engordar y endurecer su concha, que suelen ser bastante económicos.

Por cierto, que otra de las ventajas es que el caracol se adapta a diferentes climas y se reproduce con
facilidad. Normalmente, tras ser fecundado, se entierra para poner sus
huevos, que rondan el centenar.

DE LA MESA A LA COSMÉTICA

En general, la carne del caracol es muy apreciada en la mesa por ser nutritiva y barata. El precio del kilo oscila entre los 8 y los 12 euros. También lo son las huevas, conocidas como caviar blanco, y que suponen ese 10% que no sale adelante en cada proceso de fecundación. En Francia, por ejemplo, el paté de caracol es todo un producto delicatessen.

Sin embargo, la culinaria no es la única salida que tiene el caracol en el mercado. La baba de caracol también es demandada por las empresas de cosmética por las múltiples propiedades demostradas que tiene para la piel. 

La cría de caracol se conoce como helicicultura. Hoy por hoy, el 90% de los caracoles que se consumen en España proceden de fuera, sobre todo de Marruecos. Sin embargo el negocio gana adeptos en nuestro país. A la helicicultura se dedica Mario Castells, un barcelonés que adquirió unas tierras en desuso ubicadas en El Bierzo para montar una granja a diez minutos de Ponferrada (León). Lo que empezó siendo una empresa familiar se ha acabado convirtiendo en todo un proveedor nacional. Además, Mario ofrece cursos de asesoramiento a quienes se quieren embarcar en el negocio. Este granjero helicicultor nos cuenta su experiencia y el secreto de su éxito con los caracoles que cría (helix aspersa-mullër).

¿Qué tiene el mundo del caracol que atrae últimamente a tanta gente?

Supongo que se habrá puesto de moda como salida a la crisis. Es un negocio que requiere de poca inversión inicial y que es compatible con otro trabajo, ya que el tiempo que hay que dedicarle no es mucho. La gente que se interesa suele tener una tierra en propiedad e inutilizada.

¿Es rentable montar una granja de caracoles?

Es como todo. Si la trabajas bien, es rentable.

¿A qué se destinan los caracoles que se crían en granjas?

Depende. En nuestro caso, a la venta de su carne para restaurantes. Otras granjas los crían para productos de cosmética y otras tienen como objetivo la reproducción para vender a granjas.

¿Está muy demandada la carne de caracol?

En determinadas zonas de España, sí. Sobre todo para restaurantes de Cataluña, Levante, País Vasco, Navarra, Madrid o Valladolid.

¿Y qué diferencia hay entre un caracol que se come y otro que se dedica a la cosmética?

Digamos que el caracol se cría igual en la granja, pero el producto final no es el mismo. El caracol cuyo destino es la mesa, tiene que estar totalmente formado y debe ser duro y resistente. Por su parte, en el caracol que va para la cosmética, cuya única importancia es la baba, no pasa nada si la cáscara está desconchada. Tampoco el tamaño, el calibre o la edad son decisivos.

¿Cómo se engorda un caracol?

Normalmente se usan piensos vegetales, maíz, cebada, trigo…

¿Qué condiciones han de darse para la buena marcha de la cría?

El clima debe ser suave y cálido, ya que la temporada de cría se inicia en primavera y finaliza en octubre. Se empieza a estimular con riego al caracol para que salga, coma y se reproduzca y en octubre se hace la recolección. Lo que no sirve, porque no alcanza el tamaño deseado, se deja para que hiberne en la propia granja y cuando comienza la temporada se le vuelve a estimular.

¿Qué zonas son óptimas para montar una granja de caracoles?

Por su buen clima, normalmente Cataluña, Andalucía y también Castilla y León, donde somos 11 granjas asociadas.

¿Y de dónde salen los caracoles que se crían?

Generalmente
los compramos. En nuestro caso, compramos directamente caracoles
reproductores, que son grandes. Otra opción es comprar caracol alevín,
aunque se necesitan un mínimo de tres meses para que estén óptimos para
la venta. Hay quienes se van al campo y los cogen silvestres.

¿Qué consejos darías a alguien que quiere montar una granja de caracoles?

Que empiece con poco terreno (1.000 metros cuadrados máximo) y el primer año se dedique a aprender bien sobre la crianza del caracol. Lo ideal es que el terreno sea en propiedad para ahorrar cuantos más costes mejor. Luego, los gastos anuales no son muy caros, básicamente se reducen al consumo del agua, piensos…

¿Y en cuanto tiempo podría obtener resultados?

Con una inversión inicial de 5.000 euros, al tercer año ya te aseguras una plena producción, más o menos dos toneladas de caracol.

¿Realmente hay demanda de caracoles?

En lo que se refiere a caracoles destinados a la mesa, sí. De hecho, cada año nos quedamos cortos en la producción y hasta tenemos que comprar a la competencia para completar la demanda.