Compartir

Luis Antonio Rodríguez es el ejemplo claro de joven emprendedor que pone en marcha un proyecto arriesgado en plena crisis… y que le sale bien. A sus 28 años, este joven productor ha cumplido su sueño de reabrir el Teatro Quevedo de Madrid, una sala íntima con apenas 150 butacas, que, de momento, está colgando el cartel de no hay entradas.

“No nos podemos quejar, desde que abrimos la semana pasada hemos tenido un par de llenos absolutos y la previsión de venta de entradas es muy buena”, dice Luis Antonio Rodríguez a Qué.es.

Sin subvenciones públicas y con una inversión privada que se sitúa entre los 400.000 y los 600.000 euros, el productor se ha lanzado a convertir un antiguo concesionario de coches en este pequeño templo cultural.

“Ha sido muy caro ponerlo en marcha, pero bueno, hay quien pide préstamos para la casa o el coche y yo lo he hecho para este teatro, que era mi ilusión. Soy un bohemio y un soñador, ¿no?”, ironiza el joven productor.

El Teatro Quevedo nació gracias al montaje de El amor es para siempre, obra dirigida por el propio Rodríguez y cuya segunda temporada se está representando también sobre este escenario.

“Pensé que era mejor abrir una sala propia para representar esta obra, que tuvo mucho éxito en la primera temporada, que no andar luchando con otros teatros”, cuenta este valiente.

PROYECTOS EN EL CAMINO

Además de este montaje, el Teatro Quevedo se ha ido encontrando con otros proyectos interesantes por el camino. Así, sobre sus tablas se representa también la obra de Las Cortesanas de Moncho Borrajo y una ópera infantil: El juego de Verdi, los sábados y domingos por la mañana que, hasta la fecha, ha tenido un éxito apabullante.

Situado en la Calle Bravo Murillo de Madrid, este teatro tendrá que competir con los precios competitivos del Teatro del Canal y del Teatro Amaya. “De momento, los nuestros oscilan entre los 15 y 25 euros, aunque hay mucha gente que recurre a ofertas a través de webs como Atrápalo“, explica Rodríguez.

Lo que tiene claro es que mejor es tener una sala pequeña y llena, que no un enorme teatro con las butacas sin ocupar.