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Imagina por un momento que un día llega a tu casa una multa de tráfico por exceso de velocidad en un punto por donde tú no has pasado en un día que es imposible que estuvieras allí.

Y luego llega otra. Y otra. Y otra.

Eso es lo que le ha ocurrido a la protagonista de nuestra historia de hoy aunque avisamos que lo que le está pasando a Danid le podría pasar a cualquiera de nosotros así que pónganse en su lugar.

Danid Ramírez trabaja en Madrid aunque no vive en la capital. A principios de junio recibió a una multa por exceso de velocidad.

Cuando la recibió, ella estaba convencida de que no había pasado por el lugar concreto donde se había producido la infracción (la M-30 de Madrid) pero aún así la pagó, por si acaso ella estaba en un error y sí que había pasado.

A los pocos días le llegó la segunda multa y ya ahí sí que se extrañó completamente porque en la fecha de la infracción ella no tenía el coche.

En la foto que acompañaba a la sanción se dio cuenta de que el coche que aparecía no era excatamente el suyo, había muchas diferencias, era un modelo parecido pero no igual.

Habían clonado la matrícula de su coche.

Es decir, había circulando un vehículo parecido al suyo pero con la misma matrícula, por lo que todas las infracciones que cometiera iban a llegarle a ella.

Comenzó un auténtico infierno para ella: demostrarlo ante las autoridades de Madrid Movilidad, el órgano del Ayuntamiento de Madrid que le enviaba las multas.

Danid denunció el caso ante la Guardia Civil y mientras seguía recibiendo multas, cinco en total, todas del Ayuntamiento de Madrid, que sumaban 1.950 euros entre todas, y 4 puntos menos en su cuenta particular.

Empezó a recurrir todas las multas, a hablar con las autoridades de Madrid Movilidad, demostrando con pruebas que el coche de las fotos de las multas y el suyo no eran el mismo.

Según la Policía Nacional, el caso de Danid es un caso poco común. Según explican a Qué!, lo más habitual es el robo directo de las placas, pero no la clonación, aunque por supuesto que se dan casos. El objetivo de estas prácticas, según cuentan desde Policía Nacional, no es otro que el de delinquir: huir sin pagar de las gasolineras, hacer tirones de bolso con el coche y lo que a partir de ahora será más importante para nosotros, como coche de huída de los aluniceros.

Eso fue lo que le pasó a Danid.

Un grupo de butroneros, los del 'niño Juan' concretamente, robaron un coche en el garaje de una vivienda y le pusieron la misma matrícula que su coche. Posiblemente lo vieron aparcado en la calle y al ver que eran casi iguales, eligieron su matrícula.

La Policía Nacional logró capturar a estos delincuentes y los detuvo. Eran una de las bandas más activas y peligrosas.

Durante el proceso del recurso de las multas, la Guardia Civil avisó a Danid de que se había cometido un delito con su coche en Parla. Ella les comunicó que el coche estaba en el garaje, que era imposible, y a partir de ahí comenzaron las sospechas de clonación.

Días después el vehículo robado apareció en una cuneta de la A-2, carretera de Barcelona, y se localizó al dueño, víctima del robo.

Con esta prueba irrefutable, Danid volvió a acudir a Madrid Movilidad para que se le retirasen las multas. Fue imposible. Incluso la Policía Nacional y la Guardia Civil le proporcionaron documentación que probaba que el coche sancionado era un coche robado con matrícula falsa. Pero ni con esas.

Y eso que la propia grúa del Ayuntamiento se había encargado de llevar al depósito municipal el coche robado.

Los butroneros habían pegado las matrículas falsas encima de las matrículas verdaderas del coche robado, simplemente.

Al parecer, conseguir una máquina troqueladora no es difícil en tiempos de crisis: muchos talleres que han quebrado las han vendido y han podido caer en manos de cualquier delincuente, como ha podido ser este caso.

Ya con un abogado contratado para solucionar el problema se llevan a cabo numerosos recursos, todos rechazados.

“Es un infierno, no tienes cómo demostrar que no eres tú y el Ayuntamiento no colabora, parece que su única obsesión es recaudar“, cuenta Danid, que agradece enormemente el comportamiento de Policía Nacional y Guardia Civil que en todo momento la han ayudado en probar que el coche de las multas no era el suyo, sino uno robado.

“Se me queda sensación de vulnerabilidad“, dice.

Danid también ha ido a la DGT a poner en conocimiento el caso pero también ve que hay un problema de comunicación entre las administraciones y entre los propios órganos internos del Ayuntamiento.

Hace pocos días consiguió que le quitaran una de las multas, de 1.200 euros, por no identificar al conductor del coche sancionado.

Ya es un primer paso.

Ahora tiene que lograr que hagan lo mismo con las otras cuatro. Su infierno particular aún no ha acabado.