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“Queda mucho trabajo por hacer, sobre todo, en lo que respecta al presupuesto”, comentó Lagarde en París, donde participó en un seminario sobre las enseñanzas de las federaciones presupuestarias para la zona euro, organizado conjuntamente por el FMI y el Tesoro francés.

Explicó que la experiencia de la crisis ha puesto en evidencia que la zona euro “está preparada para un mar en calma, pero no para un mar agitado”, que debe completarse para “poder llegar a su pleno potencial” y que “una parte del barco hay que completarla lo más rápido posible”.

Definió una serie de requisitos mínimos, empezando por “una mejor vigilancia de las políticas nacionales” y por “mecanismos de reparto de riesgos más sólidos”, como un fondo especial para momentos difíciles.

Lagarde precisó que la emisión de deuda no puede llegar más que al término de este proceso, y -en una alusión indirecta a Alemania- estimó que todos los Estados deben estar convencidos de que no son explotados, y eso se puede lograr de diferentes formas en las que no entró.

A su juicio, una integración presupuestaria da tres tipos de beneficios: una mejor respuesta frente a los choques, una mejora de la gobernanza y una limitación del impacto cuando un país resulta afectado.

Contó que en un estudio del Fondo sobre 13 federaciones presupuestarias queda claro que “la unión presupuestaria fuerza a la disciplina presupuestaria”.

Igualmente puntualizó que las uniones existentes no ponen necesariamente en común todas las deudas, sino que puede haber diferencias entre la deuda federal y las de los Estados integrantes.